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El Malpensante

Iceberg

Deje así

¿Puede un acusado de defraudar la bolsa dar clases de ética y mercado de valores? Los directivos de la Sergio Arboleda parecen no ver contradicciones en ello.

No muchos lectores de esta revista sabrán quiénes son José Leonel Torres Cortés y José Leonel Torres Jaramillo. Padre e hijo, el primero de ellos fundó hace treinta y cinco años en Bogotá una empresa comisionista de bolsa, a la cual se vinculó posteriormente su primogénito. La comisionista parecía seria y al menos en los papeles era tenida como una respetable firma de la antigua Bolsa Nacional Agropecuaria –hoy Bolsa Mercantil de Colombia–. Esa percepción cambió en el 2010, cuando la Superintendencia Financiera les abrió una primera investigación, y se derrumbó del todo el pasado 9 de noviembre, con la orden perentoria de liquidar la empresa y la formulación de un extensísimo pliego de cargos contra sus principales directivos. En otras palabras: Torres Cortés era una especie de Interbolsa pero en tamaño poni.

Aquí podríamos hacer glosas irónicas sobre la también extensa serie de lugares comunes con que las autoridades han tratado de calmar al respetable –ya saben: se trata de un “caso aislado”, de un “par de manzanas podridas”– o burlarnos de las pastusadas con que los organismos de control han intentado justificar su risible papel. (Consultado al respecto, el superintendente financiero alegó que no intervino antes porque “la firma comisionista nunca transmitió información a este despacho que permitiera evidenciar que ella realizaba operaciones por fuera del marco legal autorizado”. Dicho de otro modo: la Superintendencia no intervino a Torres Cortés porque –ay, Dios mío– ellos nunca les avisaron que estaban cometiendo delitos.)

Si nos abstenemos de esas ironías, es porque la historia tiene, si cabe, un aspecto aún más tragicómico. Resulta que el señor Torres Cortés, además de uñilargo y pícaro, también es profesor de la Universidad Sergio Arboleda, donde enseña nada menos que ¡ética empresarial y mercado de valores!

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