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Nueva York era esto

Mientras la Costa Oeste de Estados Unidos veía la explosión del hippismo, Nueva York vivía su propia revolución cultural a ritmo de punk. Cuatro décadas después, ¿en qué han convertido el maquillaje vintage y la gentrificación a esa ciudad en la que reinaron Patti Smith, Sid Vicious e Iggy Pop?

Ilustración de Arnau Puig

 

El amor libre de los setenta era una actitud contracultural que no discriminaba en función de raza, género o clase social. Por eso, Jimi Hendrix le contagió la gonorrea a Danne, la esposa de Robert Hughes, el prestigioso crítico de arte de Time. Por eso mismo Nico, el ángel teutónico que hacía punto de cruz en el estudio de grabación mientras John Cale producía el primer disco de los Stooges, le contagió la gonorrea –y no al revés– al Iggy Pop más punk y yonqui de todos los tiempos. Y también por eso mismo Patti Smith empezó a tomar antibióticos ante la probabilidad de que se la contagiara Robert Mapplethorpe, que había comenzado a prostituirse para financiar su carrera como artista.

La lista es larga, pero en ella no solo hay sexo, orgasmos y gonorrea. Hay música, fotografía, literatura, cine, arte. Estamos en Manhattan, años setenta. Una pequeña parcela del sur de la isla alumbró una de las épocas más creativas y canallas de la historia de la cultura norteamericana. Un Nueva York, dice el escritor Luc Sante, que “en los setenta no formaba parte de Estados Unidos y que hoy ha muerto”.

Los límites de esa parcela son laxos y se sitúan con matices entre la calle 14 al norte, el Lower East Side al sur, la Bowery al oeste y el East River al este, con pequeñas burbujas repartidas por el Village y otros puntos del downtown de Manhattan.

El escenario no podía ser más decadente. En contraste con la apetencia actual por Manhattan, durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial la clase media blanca emigró a la periferia y se produjo una degradación del centro. Nueva York rozó la bancarrota en 1975, el paro se desató y...

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Colabora con las revistas Viajar y Condé Nast Traveler, y con el sitio web Kamaleon (kamaleon.travel)

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