Google+
El Malpensante

Música

José Barros y la melodía de la nación

 Aunque compuso decenas de canciones, incluidos tangos, pasillos y boleros, el nombre de José Benito Barros es inseparable de la cumbia. Ahora que se cumplen cien años de su nacimiento, vale la pena recordar la historia de un ritmo que, tras años de oscuridad, parece volver con el ímpetu de sus mejores tiempos.

©Cortesía familia Barros

1.

“¡La piragua del doctor Sourdis se vino a pique!”, bramó fastidiado Misael Pastrana Borrero, en un discurso pronunciado en Mompox, la mañana del domingo 29 de marzo de 1970.

El candidato a la Presidencia había llegado al viejo puerto bolivarense con ocasión de la gira que adelantaba por la costa en representación del Frente Nacional. Apenas abordó un vehículo descubierto para recorrer las calles, se dio cuenta de que no todas las proclamas eran mensajes a su favor. Centenares de opositores, confundidos entre los partidarios que le daban la bienvenida con voladores y conjuntos musicales, se habían acomodado a lado y lado de la vía para abuchear su candidatura, hacer sonar pífanos rebeldes y gritar consignas de “abajo los cachacos” y vivas a Evaristo Sourdis, el candidato costeño opositor, nacido en la población de Sabanalarga.

Aunque a veces saludaba a sus partidarios con los brazos en alto, Pastrana sentía el acoso de una multitud enardecida. En varias ocasiones, cuando sintió que la masa podía pasar de la vocinglería a los golpes, se dirigió al comandante de la policía para reclamarle la necesidad de mantener el orden y velar porque las garantías para el ejercicio de la política se cumplieran.

Esa mañana, empapado en el bochorno del río, subió a la tarima enfadado y pronunció un discurso desafiante. Como respuesta a los seguidores de Evaristo Sourdis, que seguían abucheándolo, dijo que “la candidatura del sectarismo regional” no tenía nada que hacer en las próximas elecciones, y que el embeleco de piragua donde venían encaramados el candidato costeño y sus prosélitos no tenía más destino que “hundirse en las aguas del río Magdalena”.

La mención a la piragua no era solamente un recurso de la retórica electoral del momento. La estrategia publicitaria del aspirante costeño, que había canalizado el descontento de la dirigencia del Caribe con el centralismo del país, fue utilizar en las correrías por 32 puertos del río Magdalena un viejo remolcador bautizado con el triunfal nombre de “Piragua La Victoria”.

Tampoco era la primera vez que la campaña de Pastrana se refería a la piragua d...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Javier Ortiz Cassiani

Junio de 2015
Edición No.164

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

La irresistible canción de los expatriados


Por Sinar Alvarado


Publicado en la edición

No. 205



La música sirve como consuelo del hogar abandonado y distante y, si es lo suficientemente buena, hace que los nuevos vecinos miren con mejores ojos al recién llegado. En el caso de los c [...]

Leandro


Por Alonso Sánchez Baute


Publicado en la edición

No. 205



Leandro Díaz pudo hacer desde las tinieblas la cartografía más luminosa del paisaje del Magdalena Grande. Este es el primer capítulo de una novela, próxima a publica [...]

Las correas de Alejo


Por


Publicado en la edición

No. 205



Álbum del vallenato colombiano [...]

Sándor Márai


Por Mauricio Polanco Izquierdo


Publicado en la edición

No. 202



Un académico colombiano viaja a Hungría para lograr terminar el encargo de un ponzoñoso editor: un perfil de un fenómeno editorial póstumo, un autor desdeñado [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores