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Crónica

La mano del karateca

Un mes antes de viajar a Estados Unidos a pelear por el título mundial de boxeo, Jorge Osvaldo “Karateca” Medina sufrió un accidente que lo alejó del ring. ¿Quién es este púgil que estuvo cerca a la consagración tras una racha precoz y gloriosa en el Luna Park? Perfil de una fugaz estrella amateur.

 

 © Fotografía de Ximena Etchart

 

 

Con la mano derecha, la de la mancha, la de la cicatriz, Jorge Osvaldo “Karateca” Medina ceba el mate. Me lo pasa con edulcorante mientras disfruta de estar otra vez en el centro de la historia.

–Fui protagonista en doce peleas en el Luna Park. Es como Julio Bocca en el Teatro Colón, como Riquelme en la Bombonera, como Orteguita en el Monumental.

Si armáramos un currículum vitae pondríamos: 60 peleas como aficionado –58 ganadas y dos empates–; dos veces campeón argentino en la Federación de Box; medalla de bronce en Bolivia, y trece peleas en el Luna Park, doce como estelar.

“Karateca” Medina debutó a los 21 años en el Luna. Después de 60 peleas como amateur había llegado el momento, la era profesional. “El Luna es grosso”, dice él desplegando una sonrisa llena de dientes. Dice también que conoció el Obelisco a los 20 años, que se codeó con los ricos y famosos de la época, que un poco antes de eso se bañaba con Jabón Federal, el de lavar la ropa, y se perfumaba con Lavanda de Polyana, porque era la más barata de todas.

Hoy está acodado en la barra de su propio gimnasio, en Martínez, una localidad de la zona norte del Gran Buenos Aires. Detrás, pegados en la pared, hay recortes de diarios que empapelan el lugar. La gente entra y va directo a donde tiene que ir: a agarrar las cuerdas, a ponerse los guantes o al vestuario. Todos lo tratan con una amable confianza. Él: seco como el polvo.

Karateca cuenta que luego de ganarle a Ricardo Carvallo en el 82, en la final del Torneo Félix Daniel Frascara, parecía tener todo el camino libre para llegar a la fama. Recuerda que esa noche corearon su nombre en el Luna: “Mediinaaa, Meeediinaaa”.

Dice que al Medina de aquella época le gustaban dos cosas, mucho. Una, los entrenamientos: correr todos los días por la mañana con la salida del sol, cruzarse con Vilas y con los jugadores de San Lorenzo en Palermo, entrenar con Guilloti, con Castellini, transpirar. La otra, ser figura en el Luna.

–Pero, como todo negro, creí que el Luna era mío, que no me caía nunca más, las luces de colores me encandilaron, la...

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dirige el portal de noticias "Las Cosas del Decir"

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