Google+
El Malpensante

Artículo

Plante un árbol, construya un ataúd y muera tranquilo

Raúl Mercado Salvatierra vivió casi medio siglo preparándose para el momento de su muerte. El autor de esta crónica visitó al personaje durante sus últimos años, en una ínfima población  boliviana donde un paisaje de hojas de coca enmarca la nada de los días. En esa monotonía serena transcurrió la vida de un hombre orgulloso de haber cortado con sus propias manos la madera del ataúd en que lo enterrarían.  

© Fotografía de Jamil Chávez

 

Un domingo templado, nueve años atrás, Raúl Mercado Salvatierra no logró terminar el hígado de su almuerzo porque le sorprendió un mareo. Eran las doce del mediodía y no se había atragantado con un trozo de carne, como muchos pensaron luego en Suri, el poblado boliviano en el que vivía. Su cuerpo simplemente colapsó, como lo hace la tierra cuando hay un cataclismo. Y Raúl se fue a cámara lenta. Sangró un poco por la nariz. Caminó desde la puerta de la cocina hasta la del comedor balanceándose para los lados como un tentetieso y, minutos después, murió de pie, con los brazos caídos de los muñecos de trapo y la cabeza apoyada sobre el pecho de Marcelino Mendizábal, un campesino de ojitos vivarachos, manos tostadas y voz aflautada que a veces lo cuidaba.

Aquella jornada, como si algo presintiera, Raúl, que acababa de cumplir 89 años, le había pedido a la hermana de su empleada doméstica que lavara toda su ropa y las sábanas y las colchas de su cama. Se había calzado el único pantalón que estaba más o menos limpio y, como no veía ninguna otra en condiciones, se había puesto una camisa blanca de corte italiano que guardaba para su sepelio: la “camisa de muerto”, así la llamaba. Nunca se había atrevido a utilizarla y murió con ella puesta, mientras el resto de su vestimenta, la de uso casual, secaba al sol en el patio de su casa.

La estela que Raúl dejó detrás tenía más de bodegón que de escena macabra: un plato con sobras junto a un vaso de agua, un catre vacío, sus prendas mojadas, una esquina repleta de papeles amarillentos y libros. La muerte como una secuencia estática.

La historia del instante en que Raúl dejó de respirar, sin embargo, va más allá de aquel segundo en que el mundo se detuvo. Comenzó a escribirse 60 años antes en una parcela familiar próxima a Suri, cuando Raúl plantó un nogal que cortaría casi tres décadas después para que un carpintero hiciera el ataúd en el que debían enterrarle.

 

***

 

Se siembran árboles como un tributo para las nuevas generacione...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Álex Ayala Ugarte

Periodista español radicado en Bolivia. Colabora con publicaciones como "Etiqueta Negra", "Ecos" y el "Virginia Quarterly Review".

Octubre 2015
Edición No.168

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

El Sur


Por Fernanda Trías


Publicado en la edición

No. 207



Este fragmento es el comienzo de la novela La ciudad invencible, que acaba de publicar Laguna Libros. [...]

Proteger o momificar el vallenato


Por Rodolfo Quintero Romero


Publicado en la edición

No. 205



Puede que su relación de amor con el reguetón y otros ritmos, que asusta a los folcloristas más tradicionales, sea lo que mantenga vivo el vallenato y evite que se ahogue en el fo [...]

En defensa de la novela, una vez más


Por Salman Rushdie


Publicado en la edición

No. 158



La crisis de la novela ha sido anunciada con visos apocalípticos en distintos momentos de la historia de la literatura. A mediados de los noventa, uno de sus más destacados representante [...]

Este pedazo de acordeón


Por Roberto Burgos Cantor


Publicado en la edición

No. 205



Originalmente aparecido en la revista Eco, en 1974, este es el único relato sobre vallenato que se conoce del autor sabanero, fallecido el año pasado. Una pequeña historia de susp [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores