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ABC de Erik Satie

Llena de tropiezos y giros, rodeada de afectos y críticas provenientes de la bohemia parisina, marcada por una genialidad incomprendida, así transcurrió la vida de Erik Satie. Este diccionario personal esboza los ires y venires de uno de los más representativos y excéntricos compositores franceses de principios del siglo XX.

 

Ilustración de Jérôme Mireault

 

Academia (1)

Es 1880 y Satie asiste por segunda vez al Conservatorio de París, persuadido por su padre y su madrastra. Sus aptitudes a primera vista son casi nulas y por la planilla de asistencia pareciera ser más un prófugo que un alumno. Cuando toca el Concierto para piano Nº 2 en re menor de Mendelssohn sus profesores dicen, entre otras cosas, que “es el estudiante más perezoso del conservatorio, [pero] tiene excelentes cualidades que podría desarrollar con trabajo”, “carece de color”, “flojo; común. Pésima lectura”.

En 1882 es expulsado por su falta de compromiso con la institución. Años más tarde, Satie le escribirá una carta al director diciéndole: “…con su ignorancia me han hecho detestar el curso de arte que enseñan, y gracias a su inexplicable brutalidad me han hecho despreciarlos por largo tiempo”.

 

Academia (2)

Al borde de cumplir cuarenta años, en 1905, Satie vuelve a la vida académica matriculándose en la Schola Cantorum para estudiar orquestación y contrapunto. En medio de las burlas de músicos y compositores que ven con malos ojos su regreso a clases, Debussy le espeta que a esa edad “ya no se puede cambiar de piel”.

La institución le abre las puertas luego de que él suplique por una beca: “Soy un artista pobre agobiado por las dificultades de la vida; por eso, me resulta absolutamente imposible pagar la matrícula exigida a los estudiantes que siguen este curso”.

 

Activismo

En 1908, Satie se afilia al Partido Radical Socialista y presta diversos servicios caritativos llevando a niños de Arcueil al campo y ofreciendo clases de música todos los domingos a las diez de la mañana.

 

Alimentación

Afirma que solo come alimentos blancos: mohos de fruta, coco, pollo cocido en agua blanca, huevos, azúcar, huesos rallados. Que tiene buen apetito y come para sí mismo sin ser egoísta. Que bebe el vino frío.

Pasa horas en los cabarets degustando aperitivos y acompaña las conversaciones con café, que pide uno tras otro agregándole un poco de coñac. Asegura que para él comer es una obligación agradable y que procura cumplir ese deber con cuidado y exactitud.

Prefiere los platos en los que no se derrocha un calculado virtuosismo, pues, como en el arte, en la cocina se inclina por la sencillez. Junto a Debussy acostumbra comer chuletas de cordero rociadas de vino blanco. Dice que esas comidas fortalecen la amistad y los alejan de las vacas sagradas y demás mamarrachos y plagas de la humanidad.

Cuando tiene dinero organiza veladas y comidas para sus amigos y da propinas suntuosas con las que se gana la atención y el respeto de los meseros. En las comidas varía sus respuestas según el nivel social de quien lo escucha. El pintor francés Augustin Grass-Mick recuerda que Satie le decía: “Los artistas tienen derecho a pedir. En el café no soy un compositor, ni tú eres pintor. Somos clientes”.

 

Cabarets

Uno de sus primeros trabajos es como pianista en el cabaret artístico Le Chat Noir. A su fundador, Rodolphe Salis, se le presenta como “Erik Satie, gimnopedista”, a lo cual Salis, congraciado con ese joven estrafalario, le contesta: “Esa sí que es una profesión bien interesante”.

Tiempo después Satie es contratado como intérprete en el Auberge du Clou, la mayor competencia del cabaret de Salis. Ahí forja una amistad con los artistas barceloneses Santiago Rusiñol, Ramón Casas y Miguel Utrillo. Entre ellos se refieren a Satie como el compositor que ha captado de la pintura de Pierre Puvis los elementos necesarios para ganarse la atención de artistas e intelectuales: sencillez y simplificación.

En 1910, en el Café de la Nouvelle Athènes, del que es cliente habitual, conoce a Maurice Ravel, quien será determinante para poner ante el ojo público a Satie. Luego de la Primera Guerra Mundial, en algunos locales de Montparnasse, iniciará una vida de recitales al lado de músicos y artistas de renombre como Pablo Picasso, Apollinaire, Jean Cocteau, y se le despertará un curioso interés por la música popular y el jazz, que comparte con Igor Stravinsky. Toca con emoción piezas de Jelly Roll Morton y se deja cautivar por los ragtimes y los ritmos sincopados que pondrá en uso posteriormente en su Ragtime parade.

 

Caminatas

Instalado en Arcueil, en 1889, se gana el sobrenombre de “campeón de la marcha” debido a sus caminatas de diez kilómetros desde su casa hasta los cabarets de Montmartre, y de estos, ya entrada la noche, a su residencia. Camina despacio, casi como si danzara al ritmo de la música que lleva en la cabeza. Sigue su camino mientras escribe esas notas en uno de los pequeños cuadernos que lleva doblados en el bolsillo interior de la chaqueta, en los que esboza pensamientos, melodías, dibujos, textos críticos y literarios. Antes de abandonar el suburbio, vestido con uno de sus trajes de terciopelo y con un paraguas bajo el brazo que no abre ni siquiera cuando llueve, Satie se dirige a Chez Tulard, el único café local que le gusta y donde tiene una mesa para trabajar mientras bebe algún aperitivo.

En las noches lleva un martillo para defenderse de algún asaltante o de los ataques de los mapaches que abundan por el camino. George Auriol recuerda que “su intrepidez como caminante era tan grande que convirtió en pasatiempo diario medir la distancia que separaba a Montmartre de Arcueil-Cachan”, y que esas marchas “a menudo tenían lugar a partir de las dos de la mañana”.

 

Casa (1)

Luego de abandonar la casa paterna en 1887, Satie fija su residencia en Montmartre –número 50, rue Condorcet– e inicia una vida de derroche en los bares y cafés; adquiere un fino mobiliario que al poco tiempo, luego de esfumarse el dinero que le dio su padre para la mudanza, se ve obligado a vender para conseguir recursos que le ayuden a paliar la escasez.

Se muda a una pequeña y barata pieza ubicada en La Butte de Montmartre –6, rue Cortot–; ahí crea un ambiente cómodo y, aunque pobre, de buen gusto. Tiene un estante que aprovecha como mesa de trabajo y, según el compositor Florent Schmitt, “una suerte de ventana abatible le da aire y luz al tiempo que lo protege de la curiosidad de la gente del edificio”. Para llegar a la residencia hay que ascender varios peldaños, por lo que sus amigos le dicen, burlones, que vive lejos de la ciudad. Satie les responde que la verdad es que su habitación queda “por encima de los acreedores”.

 

Casa (2)

La crónica falta de dinero lo lleva a trastearse a una pequeña habitación sin ventanas que, según el testimonio del poeta y dramaturgo Contamine de Latour, íntimo amigo de Satie, es “una grieta de tres metros de alto, dos metros de largo y metro y medio de ancho”, por la que paga veinte francos cada tres meses. En ese nuevo lugar no compone nada sino hasta 1897, cuando escribe Pièces froides, llamadas así por las condiciones invernales del cuchitril.

La última mudanza de su vida es a una habitación sin agua ni calefacción en Arcueil. En invierno, para hacerle quite al frío y poder dormir, llena botellas con agua caliente y las pone en círculo debajo de su catre. Nunca vuelve a aceptar visitas y ninguno de sus amigos llega a conocer el lugar. Se entrega a una soledad y un encierro cada vez mayores y su vida se convierte en un misterio para quienes lo rodean.

 

Casa (3)

Tras su muerte, en 1925, se descubre que su lugar de residencia no es más que un corredor estrecho que conduce hasta una habitación. Se encuentran diarios apilados en los que reposan más de una docena de sombreros y paraguas en perfecto estado. Un ropero con varios trajes idénticos y bien conservados. Un piano destrozado con los pedales atados a una cuerda, lleno de cartas sin abrir que siempre respondió a ciegas. En una caja de cigarros un sinnúmero de papeles con dibujos y fragmentos escritos sobre lugares encantados. Varios mapas de Arcueil que él ha dibujado. Todo cubierto de polvo como si el lugar nunca hubiera sido sometido a la limpieza. “Me gustan las cosas en orden. Pero el polvo no me molesta”, le gustaba decir.

               

Coleccionismo

Dice que vivir rodeado de obras de arte es una de las mayores satisfacciones que se pueden sentir. Que en su despacho se puede ver con admiración un lienzo de indiscutible belleza: Retrato atribuido a un desconocido. Que posee un manuscrito falso de Beethoven y que los pocos amigos que han podido verlo atribuyen a una concepción menor, inferior a Beethoven. Él los corrige diciendo que ni siquiera en lo apócrifo se puede ser inferior a sí mismo.

 

Debussy, Claude (1)

Una noche de 1891, conoce a Claude Debussy en el Auberge du Clou. Desde esa noche empieza una tormentosa amistad que durará hasta el final de su vida. El tono de sus encuentros es como sigue:

–Mi querido señor, podría decirme en qué está trabajando –pregunta Satie.

–Escribo una wagneriana sobre un texto de Catulle Mendès.

Satie escucha con no poco desagrado y hace una mueca. Piensa que es un error seguir los modelos del wagnerianismo.

–Lo que hay que hacer –dice– es crear un clima sonoro en el que los personajes se muevan y hablen. Nada de estribillos, nada de leitmotivs, debemos adoptar una atmósfera a lo Puvis de Chavannes.

Claude lo escucha atento y sin decir nada al respecto bebe de su trago.

–Y usted, Satie, ¿en qué está trabajando?

–Estoy pensando en hacer La princesse Maleine, pero no sé cómo conseguir el permiso de Maeterlinck.

Pocos días después Debussy se dirige al dramaturgo belga Maurice Maeterlinck y pide su aprobación para trabajar Pelléas et Mélisande, ópera que lo ubica entre los mejores compositores de la época. Satie proclama a sus conocidos, incómodo y disgustado, que el mérito de Debussy en realidad es suyo.

 

Dibujos

Durante sus recorridos por las calles de París, en particular por la zona adyacente a la catedral de Notre Dame y la Abadía de Saint-Denis, lee sobre historia medieval, pues desde niño ha adquirido un gusto por el arte gótico y el misticismo. Traza una, dos líneas en un pequeño cuaderno sin dejar de mirar la catedral. Dibuja a su manera un templo que más parece una ojiva medieval y hace un pequeño boceto de un dragón. En otras ocasiones hace dibujos de brujos o caballeros que acumula en su residencia.

 

Escritura

A lo largo de su vida se interesa por la escritura y las reflexiones estéticas, que consigna en pequeños cuadernos. Dos años después de fundar la Iglesia Metropolitana de Arte de Jesús Conductor, en 1893, de la que sería único adepto y sacerdote, inicia la publicación de unos cartularios y redacta notas sobre música y arte con diversos seudónimos. En ellos conserva el estilo y el lenguaje de un boletín parroquial y aprovecha para dirigir cartas abiertas a los críticos.

Desde 1890 añade a sus partituras notas para los intérpretes y pianistas que indican la manera como deben ser tocadas: “como un ruiseñor con dolor de muelas”, “con convicción y una tristeza rigurosa”, “de manera que obtenga un hueco”, “la mano sobre la cabeza de su alma”, “retire la mano y métasela en el bolsillo”, “lleno de sutileza, hágame caso”.

En 1912 se hace colaborador habitual, durante dos años, de la Revue Musicale SIM con textos que hace llamar “Memorias de un amnésico”. En el primero de ellos asegura no ser músico y que, por el contrario, es el pensamiento científico el que lo domina. Años después inicia como colaborador de varias revistas –L’Esprit Nouveau, Les Feuilles Libres, Le Coeur à Barbe– y en todas sus escritos aparecen con el título “Cuadernos de un mamífero”, en los que hace diatribas contra los surrealistas y escribe notas a favor del dadaísmo y de Tristan Tzara. Además aparecerá en ocho de los doce números de la revista Vanity Fair de 1922; se define, en uno de ellos, como “payaso satírico” y “fantástico juglar”.

 

Infancia

Cuando Satie tiene seis años, muere su madre y pasa a ser educado por sus abuelos con la condición de que renuncie a la fe anglicana y sea bautizado en el catolicismo. Hasta los doce años estudia interno en el Collège d’ Honfleur, en donde solo muestra interés por el latín y la música, pero con resultados mediocres en la mayoría de asignaturas. Al ver su interés por la música sus abuelos lo ponen en clases con el organista Gustave Vinot, de la Iglesia de Saint Léonard, y allí Satie empieza a interesarse por el arte gótico y el misticismo. En 1878, vuelve a estar bajo la tutela de su padre y es persuadido por su madrastra para entrar al conservatorio, que Satie ve como una especie de prisión local sin ningún tipo de encanto.

De sus primeros años dirá: “Tuve una infancia y una adolescencia poco interesantes, sin detalles dignos de ser tenidos en cuenta en escritos serios”. Según él, daba pena y generaba disgustos a quienes lo veían “incluso con gafas de veintiocho quilates”.

 

InterpretaciónIDebussy (2)

Es 1892. Satie se debate torpemente frente al piano ante una partitura; dos hombres a su lado lo escuchan y se miran hasta que, impaciente, uno de ellos se aproxima, mira lo que en ella hay escrito y exclama: “Te voy a mostrar cómo suena tu música”. Satie le da lugar frente al instrumento y, mientras Debussy toca, los matices y colores provenientes de una música inesperada llenan la sala en la que el otro hombre –Gustave Doret, director de orquesta–, entre asombrado y admirado, dice: “El siguiente paso es orquestarla”. Debussy, sin dejar de tocar, comenta: “De acuerdo, si Satie no tiene nada que objetar, mañana mismo me pongo a ello”. La alegría del gimnopedista se proyecta más allá de la sonrisa y nada más parece importarle en este momento, nada que no sea esa música que es suya y que hoy Debussy toca como si por primera vez viera la luz del mundo. Meses más tarde, Satie presencia el milagro cuando Gustave Doret dirige las Gymnopédies números 1 y 3, orquestadas por Debussy, en un concierto realizado en febrero de 1897 para la Société Nationale.

 

Lectura

Es lector fiel de la obra de Flaubert y llegará a asumir La tentación de San Antonio como libro personal a causa de su fe religiosa. Durante su juventud lee al escritor francés con insistencia, pero en su vida adulta se vuelca en cambio a los cuentos de Hans Christian Andersen, y pasa mañanas enteras con niños, contándoles historias y llevándolos de Arcueil al campo.

Mecenazgo

La princesa Polignac, heredera de la fortuna de las máquinas de coser Singer, brinda apoyo a Manuel de Falla, a Stravinsky y a Erik Satie durante la Primera Guerra Mundial, encargándoles varias obras para presentarlas en su salón. A Erik le pide una versión de la muerte de Sócrates en el Fedro de Platón, libro que obsesiona al compositor y por ello teme “hacer una tontería” de una obra que desea “blanca y pura como la Antigüedad”.

Convertida en mecenas, Winnaretta Singer le regala algunos esmóquines y fracs, y desde ese momento hasta su muerte Satie vestirá como un verdadero burgués. Se hace cliente de los restaurantes y cafés de Montparnasse y su música es escuchada por las grandes élites. Su aspecto es elegante y limpio aunque no se baña con frecuencia y no usa –nunca– jabón. Como sustituto lleva consigo una piedra pómez con la que se frota las manos y los dedos repetidamente.

 

Música

Satie dice que no es músico sino fonometrógrafo. Que más que escuchar, lo que le gusta es medir un sonido, una música. Que ha medido a todo Beethoven, todo Verdi, todo Mozart. Que alguna vez examinó –midió– un si bemol y lo encontró repugnante. Que no se puede hablar de la limpieza de los sonidos pues son bastante sucios. Que la fonología es superior a la música. Que el porvenir está en la filofonía. Que no es compositor sino gimnopedista.

 

Música (de mobiliario)

En una carta que le escribe a Cocteau en 1920, Satie insiste en que la música debe ser utilitaria y que el arte no tiene lugar en ese campo. “La música de mobiliario crea una vibración, no tiene otro objeto; desempeña el mismo papel que la luz, el calor y el confort en todas su formas”. En marzo de ese mismo año, en la Galería Barbazanges presenta su nuevo proyecto musical, que toca para que nadie lo escuche y que acompaña con la invitación: “Muévanse, no escuchen, hablen, por el amor de Dios”. Lo importante para él es lograr una música que forme parte de los ruidos del medio ambiente y que llene “los pesados silencios que algunas veces caen sobre los amigos que cenan juntos”, evitándoles “tener que prestar atención a sus propios comentarios triviales”. Les dice además a sus interlocutores: “Exijan música de mobiliario. Ni reuniones ni asambleas sin música de mobiliario. No se casen sin música de mobiliario. No entren a una casa en la que no haya música de mobiliario. Quien no ha oído la música de mobiliario, desconoce la felicidad”.

 

Nombre

Cuando nace en Honfleur (Francia), el 17 de mayo de 1866, sus padres lo bautizn en la Iglesia Anglicana como Alfred Eric Leslie Satie. Sin embargo, para resaltar sus orígenes nórdicos, desde joven empieza a escribir su nombre con K, porque, dice, “los normandos son pequeños vikingos”.

 

PartiturasIDebussy (3)

El 17 de agosto de 1903, Satie le manda una carta a Debussy en la que dice “monsieur Satie está loco por esta nueva invención de su mente. Habla mucho de ella y muy bien, y la cree superior a todo lo que se ha escrito hasta nuestros días. Tal vez se equivoca, pero no hay que decírselo, no se lo creería”. Erik se refiere a la obra Trois morceaux en forme de poire, que ha escrito luego de que Debussy lo exhortara a trabajar y desarrollar más el sentido de la forma: “Satie, nunca tuviste mayores admiradores que Ravel y yo; muchas de tus obras han tenido influencia en nuestra escritura… Tienes alguna clase de genio, o tienes genio y punto. Pero como verdadero amigo debo advertirte que de tanto en tanto hay en tu arte cierta escasez de forma”. Luego de esas palabras, Erik Satie se ha encerrado a trabajar la música que hoy tiene en sus manos y que le lleva a Debussy para que la toque y juzgue según su criterio.

–¿Por qué ese título? –pregunta ahora Claude sin dejar de ver la partitura.

–¿Por qué? –repite Erik mientras da una vuelta alrededor de Debussy–. Simplemente porque no puedes criticar mis Piezas en forma de pera, ya que si tienen forma de pera quiere decir que no son amorfas.

 

Péladan, Joseph (1)

Conoce a Joseph Péladan, crítico de arte y delirante profesional. Las extensas y constantes conversaciones sobre el pasado, el mundo gótico de la Iglesia católica, el arte y la pintura llevan a Satie a unirse como compositor a la secta rosacruz de Péladan en 1892. Compone Sonneries de la Rose Croix y Le fils des étoiles, y adapta un libreto wagneriano de Péladan, el cual es calificado por Henry Gauthier-Villars, esposo de la escritora Colette, como “música de vendedor de grifos” que no pasa de ser una “mediocre satiesfacción”.

Satie, notablemente ofendido, responde: “Solo podemos ignorar las fechorías de un payaso. Pero debemos alzar nuestra mano para abatir a los opresores de la iglesia y del arte, y a todos aquellos que, como usted, jamás han conocido el respeto por uno mismo”.

 

Péladan, Joseph (2)

El hecho de que se le considere un discípulo de Péladan acaba impacientando a Satie. El 16 de agosto de 1892 escribe una carta publicada en el diario satírico Gil Blas: “Me asombra que yo, un pobre hombre que solo piensa en su arte, tenga que estar continuamente asediado y aclamado como iniciador de la música entre los discípulos del maestro Joseph Péladan. Esto me duele profundamente y me ofende, dado que no soy alumno de nadie más que de mí mismo, tanto más en la medida en que dicho maestro, por muy docto que sea, nunca podría tener discípulos ni en música, ni en pintura, ni en ninguna otra cosa”.

Rotas sus relaciones, Satie forma una nueva iglesia, de la que es único sacerdote y adepto, la Église Métropolitaine d’Art de Jésus Conducteur. Empieza a vestir una oscura sotana sacerdotal, se deja el pelo largo, luce la barba puntiaguda. Convierte el estante de la Residencia Abacial –así se refiere a su habitación– en altar, y se nombra a sí mismo maestro de capilla. Compone Messe des pauvres para su iglesia, con instrucciones de ser tocada “de manera muy cristiana”.

 

Relación amorosa

En enero de 1893 conoce a una atractiva pintora que ha sido modelo de Degas, Renoir, Puvis de Chavannes, Toulouse-Lautrec, y quien, tras una aventura amorosa con Miguel Utrillo, acaba teniendo un hijo a los diecisiete años. Suzanne Valadon –a la que llama “Biqui”– vive en un estudio contiguo al de Satie, en la rue Cortot, y es esa cercanía la que los lleva a tener una relación. Seis meses más tarde, Satie instaura una queja en la prefectura de policía de Montmartre para que la saquen de su apartamento.

Esa sería la coda de una relación que transcurre entre innumerables peleas e insultos en la vía pública, y que Satie agrava con carteles públicos en los que pone en duda la integridad moral de la artista. Una vez separados, Satie cuelga en su habitación un letrero que le gusta leer en voz alta: “El 14 del mes de enero del año de gracia de 1893, que fue sábado, comenzó mi relación amorosa con Suzanne Valadon, que tuvo fin el martes 20 del mes de junio del mismo año. El lunes 16 de enero de 1893, mi amiga Suzanne Valadon vino por primera vez a este lugar, y lo hizo por última vez el 17 de junio del mismo año”.

Como resultado de la etapa final entre ellos, Satie escribe Vexations, un pequeño motivo musical para piano con la siguiente indicación: “Debe tocarse 840 veces seguidas, y no estaría de más prepararse previamente, en absoluto silencio, para estas graves inmovilidades”. La obra no se conoce en vida de Satie y solo en 1963 llega al público tras una interpretación organizada por John Cage y Lewis Lloyd que dura casi dieciocho horas.

Después de Biqui nunca más se le conoce otra relación amorosa. Cuando le preguntan al respecto, dice: “Soy un hombre al que las mujeres no comprenden”. A sus amigos les dirá que el amor no es otra cosa que “una enfermedad de los nervios”. Durante mucho tiempo, sin embargo, escribe cartas para Suzanne que nunca le envía.

 

Ropa (1)

El poeta Contamine de Latour, su amigo desde 1885, recuerda que cuando Satie se instaló en Montmartre, en la penúltima década del siglo XIX, “cogió sus ropas, las enrolló haciendo una pelota… las arrastró por el suelo, las pisó… hasta convertirlas en puros harapos; abolló su sombrero, rompió sus zapatos, desgarró su corbata en jirones y cambió su elegante lino por espantosas camisas de franela”. No solo eso. También empieza a hacer uso del disparate y el buen humor: “Me llamo Satie, como todo el mundo”, comenta.

En los cafés se habla de él como un tipo excéntrico y desaliñado, al que muchos empiezan a apodar “monsieur Le Pouvre”, pues lleva pelo largo, barba poblada, predica la austeridad y hace una música con ligeros tintes religiosos. “Adoptó la pose de un hombre que, conociendo apenas trece letras del alfabeto, decide crear una nueva literatura solo con ellas”, escribió Contamine de Latour.

 

Ropa (2)

En abril de 1888, cuando termina de componer Trois gymnopédies, tiene un nuevo estilo personal. Ahora viste pantalones oscuros, levita, sombrero de copa y una larga corbata.

La razón del cambio no es misteriosa: tras la muerte de su padre, recibe 7.000 francos de herencia que no tarda en empezar a gastar. Va hasta el mercado central y compra siete trajes de terciopelo gris completamente iguales; por cada traje, un sombrero para hacerle juego y un pañuelo con doble nudo. Durante una década esta será la ropa que usará, manteniéndose siempre limpio y arreglado. Pasa a ser conocido como el “caballero de terciopelo” y en los cabarets ya no se le ve como pianista sino como cliente habitual.

 

Ruido/Música

Jean Cocteau y Erik Satie concretan ideas y realizan el ballet Parade, hecho con ruidos no usados antes en la escena musical –silbatos, sirenas, el tecleo en una máquina de escribir–, con vestuario y escenografía de Picasso. La crítica es hostil y el mismo Debussy se pronuncia fuertemente en contra de la partitura, lo que ocasiona el distanciamiento definitivo entre los dos músicos. Sin embargo, pese a la mala acogida, Satie también recibe elogios de gente como el poeta Guillaume Apollinaire: “Es una música asombrosa… parece expresar el lúcido espíritu de Francia”.

 

Sócrates

El 21 de marzo de 1919 se estrena Socrate en La Maison des Amis des Livres, la librería de Adrienne Monnier. Entre el público están Picasso, Stravinsky, André Gide y James Joyce, y según cuenta Maurice Sachs en el libro París canalla, “había lágrimas en los ojos de quienes escuchaban…”.

Tras el estreno de su segundo ballet, Mercure, que trabaja con Picasso, los surrealistas André Breton y Louis Aragon lo abuchean y gritan “bravo Picasso, abajo Satie”.

 

Última obraIMúsica para cine

Luego de involucrarse en veladas lideradas por Tristan Tzara, Satie ha compuesto el ballet Relâche, su última obra, tejida con melodías populares y con libreto de Francis Picabia. En el intermedio se presenta el film Entr’act de René Clair, con Satie, Man Ray y Marcel Duchamp en el reparto, y una música escrita por primera vez fotograma a fotograma, en la que Satie deja su impronta como compositor de cine.

 

Vacas

Internado en el hospital Saint-Joseph a causa de una cirrosis, Satie muere el 1º de julio de 1925. Sus últimas palabras todavía siguen desconcertando a la posteridad: “Ah, las vacas”, dijo, y sus ojos se fueron apagando al mismo tiempo que su respiración.

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Rubén Darío Higuera

Estudió periodismo, música y literatura. Fue editor de la revista Cartel Urbano. Ha escrito para las revistas Esquire, Bocas y Don Juan

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