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Poesía

Solano Trindade

Poeta negro, poeta del pueblo

Una poesía festiva, plagada de ironía, humor e ímpetu político, convirtió a Solano Trindade en una figura representativa de las letras brasileras del siglo XX y en un enérgico líder popular, defensor de la herencia africana.

 © Archivo Familia Trindade

 

 

En un rincón empedrado de su natal Recife, descalzo, a ras del polvo, sosteniendo una campana en alto con la mano derecha, el poeta pernambucano Solano Trindade hierve al sol. La gente suele retratarse con él. Los turistas abrazan su estatua con simpatía; los negros, con orgullo y dignidad. Tanto como en sus versos, la presencia de Solano persiste en el callejón derruido del Pátio de São Pedro pese al olvido editorial y oficial al que fue relegado durante décadas.

 El poeta creció no lejos de allí, en el mismo barrio de São José. Así lo evoca su “Poema autobiográfico”: “Cuando yo nací, / mi padre clavaba suelas, / mi hermana molía maíz en el pilón / para el angu de las mañanas... / Por eso vengo de la masa, / soy un trabajador...”. Consciente de la profundidad de sus raíces, en “Soy Negro” se remontó más atrás en su genealogía: “Soy Negro / mis abuelos fueron quemados / por el sol de África / mi alma recibió el bautismo de los tambores atabaques, gonguês y agogôs / Me contaron que mis abuelos / vinieron de Luanda / como mercancía de bajo precio plantaron caña para el señor del nuevo ingenio / y fundaron el primer Maracatú”.

 En 1934, firme en la convicción de investigar y rescatar las fuentes originales de su cultura para devolverlas a su pueblo en forma de arte, y con el claro propósito de impulsar la inserción de los negros en el panorama intelectual de Brasil, Solano organizó junto con su coterráneo, el sociólogo Gilberto Freyre, el primer Congreso Afro-Brasilero. En 1945, junto a Abdias do Nascimento fundó en Río de Janeiro el Teatro Experimental do Negro (TEN), por cuyas denuncias sobre el racismo el diario O Globo los sindicó de animar “un grupo palmarista, intentando crear un problema artificial en el país”, mientras que a juicio del antropólogo Darcy Ribeiro el TEN constituyó “un núcleo activo de concientización de los negros, para asumir orgullosamente su identidad y luchar contra la discriminación”. Durante los cincuenta, el incansable agitador convocó a obreros, empleadas domésticas y estudiantes para conformar el Teatro Popular Brasilero, con el cual viajaron por Europa presentando batuques, congadas, caboclinhos, capoeira y maracatús.

 “¡Yo canto a los Palmares / sin envidia de Virgilio, Homero o de Camões / porque mi canto es el grito de una raza / en plena lucha por la libertad! /...Mi poema es simple, / como la propia vida. / Nacen flores en las fosas de mis muertos / y las mujeres se adornan con ellas / y hacen perfume con su esencia...”. Por versos como estos extraídos del “Canto de los Palmares”, homenaje al Quilombo dos Palmares, el asentamiento de esclavos fugitivos más grande y duradero del Brasil colonial, Drummond de Andrade le escribió a Solano que hallaba en su poesía “una fuerza natural y una voz individual, rica y ardiente, que se confunde con la voz colectiva”. Hoy en día, en el seno de su comunidad raizal, su dimensión intelectual se equipara a la de personajes que reivindicaron el vigor, la belleza y la identidad de la cultura negra, tales como Aimé Césaire en las Antillas, Nicomedes Santa Cruz en Perú, Langston Hughes en Estados Unidos, Manuel Zapata Olivella en Colombia y Nicolás Guillén en Cuba, poeta con quien Solano dialogó en verso en 1961: “Dónde está la burguesía / llena de miedo sin calma / burguesía bien nutrida / Nicolás Guillén / con miedo de cosa nueva / Nicolás Guillén”.

 Durante la primera década de la dictadura militar, a causa de su arte contestatario y su militancia comunista, el poeta del pueblo y familiares suyos fueron perseguidos y encarcelados. Su hijo Francisco murió en prisión. Poemas como “Soy Negro” y “Hay gente con hambre” enraizaron en el fervor popular, fueron musicalizados y hoy son piezas fundamentales del acervo afro en Brasil. A partir de la miseria que vivía y veía a diario en los trenes y estaciones de Río, Solano creó una onomatopeya con el estribillo “tem gente com fome / tem gente com fome / tem gente com fome” –“hay gente con hambre”–, que al repetirse imita con precisión el sonido de la marcha del tren:

[…]

Tren sucio de la Leopoldina]
corriendo corriendo
parece decir
hay gente con hambre
hay gente con hambre
hay gente con hambre

Solo en las estaciones
cuando va parando
lentamente comienza a decir
si hay gente con hambre
da de comer
si hay gente con hambre
da de comer
si hay gente con hambre
da de comer

Pero el freno de aire
todo autoritario
manda al tren callar
Psiuuuuuuuuuuu

 

 Simple y directa, escrita para ser comprendida por su pueblo, la poesía de Solano no tiene un ápice de ingenuidad. Su tono, tan pronto desenfadado e irónico como combativo y mordaz, revela un alto grado de autoconciencia literaria e ideológica. Y si resulta tan entrañable es por la capacidad de retratar las lacras históricas de su sociedad, de recobrar las raíces de su negritud y celebrar la vida a través de un erotismo enérgico y festivo: “Mi poesía mantendrá su estilo popular, buscando en el negro el ritmo, en el pueblo en general las reivindicaciones sociales y políticas, y en las mujeres, en particular, el amor. Déjenme amar todo y a todos”.

 El poeta negro, pintor, actor, dramaturgo, hombre de teatro, folclorista y gran estratega cultural, alguna vez obrero, vendedor, funcionario, cineasta y periodista, uno de los patriarcas que en los sesenta transformó Embu das Artes, municipio a las afueras de São Paulo, en un polo internacional de artes y tradiciones afrobrasileras, falleció en un hospital de Río el 19 de febrero de 1974, asistido por su primera esposa, Margarida, y una de sus hijas. Los versos que consignó en un poema dedicado a su hija Raquel Trindade, quien junto con otros de sus descendientes se ha encargado de preservar, transmitir y continuar su legado, resuenan hoy con incontestable clarividencia: “Estoy conservado en el ritmo de mi pueblo. Me torné canto deliberadamente y nunca tendré tiempo para morir”.

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j Galán

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