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El Malpensante

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Una fiesta permanente

Escritor compulsivo, bebedor insaciable y provocador incorregible, Gilbert Keith Chesterton fue uno de los escritores más fecundos del siglo xx. Ochenta años después de su muerte, publicamos esta caprichosa nota biográfica, uno de los géneros predilectos del escritor poseedor del “sentido común más famoso de Inglaterra”. 

 

Como a un dado

Después de dos años de conocerse, aquella tarde, con los patos que vivían en el lago del St. James’ Park como testigos cualificados, ella escuchó su propuesta de matrimonio. La jugada era, incluso a ojos actuales, bastante audaz. Todavía más, tratándose de la época victoriana en Inglaterra, cuando una chica que trabajaba en una fundación becando jóvenes, que era vecina de Yeats y que practicaba jardinería en su tiempo libre, necesitaba mantener cierto estándar. Las seguridades que él ofrecía eran las de haber sido caricaturista y director del diario escolar, jefe del club de debates, desertor de una academia de pintura y bebedor insaciable de cerveza. La bella y la bestia. Aquella noche él llegó a trompicones a su casa, con su metro noventa y seis de estatura lleno de euforia, tomó su pluma y se sentó a escribir rápido, como para vencer el pulso: “La felicidad no es ningún gozo estático: no es disfrutar de la paz y de la alegría que he sentido hasta hoy. La felicidad no trae la paz, sino la espada. Te agita como a un dado; quiebra tu palabra y oscurece tu vista. La felicidad es más fuerte que uno mismo y pone su sensible pie sobre tu cuello”. Al final de la carta, él, sorprendido todavía, le devuelve la posibilidad de arrepentirse de su decisión. Pero ella había aceptado irrevocablemente hasta que los separó la muerte.

En las fotos que tenemos de ambos, a lo largo de sus treinta años de matrimonio, él va ocupando cada vez más espacio dentro del marco, mientras ella está siempre igual: pequeña, delgada, con una sonrisa obligada por la cámara y las manos juntas como quien no quiere revelar un importante secreto. Él, cada vez más famoso, escribe en todos los diarios, da miles de conferencias y vende libros como confitería ambulante, mientras ella batalla contra sus problemas reumáticos, organiza el horario de ambos escribiendo sobre un gran papel pegado a una pared de su casa y bebe la cantidad mínima e indispensable de tazas de té para sobrevivir. Juntos salen muchas veces de mochileo motorizado por Europa, América y el Medio Oriente. Chesterton es casi imbatible en los debates, ya sean en vivo o a través de columnas periodísticas, pero su secreto no es, solamente, su famoso sentido común. Tiene otro secreto escondido bajo su mis...

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