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El Malpensante

Artículo

Exilio en el paraíso

Las últimas flores de Stefan Zweig

El dandy vienés, autor de bestsellers y de memorables biografías como la de Erasmo de Rotterdam y la de María Antonieta, se fue desvaneciento en el exilio al que fue empujado ante la amenaza de una guerra devastadora. Retrato espiritual de un humanista en búsqueda de un nuevo comienzo en tierras sudamericanas. 

¿Por qué ensuciar el edén con la obscenidad de la muerte?

La baraja trece, Álvaro Abós.

© Ilustración de Elizabeth Builes 

Llegó solo, sin su esposa. Era sábado. El alcalde de Petrópolis ofrecía una recepción en el palacio municipal y Zweig, cada vez menos dado a las apariciones públicas, acabó aceptando. Veinte años atrás hubiera encandilado a los invitados con su habitual encanto, la sonrisa de niño que reclama atención, la mirada pícara. Pero aquel 7 de febrero de 1942, Zweig se sentó en la baranda de la terraza y apenas se movió. En las fotos de los meses que pasó en Brasil aparece delgado, ensimismado, apagado. El escritor más prolífico de la generación de entreguerras parecía un tintero vacío. Antes de volver a casa charló unos minutos con su vecina, la poetisa Gabriela Mistral. Como si fuera una anticipación, hablaron de flores.

Dos semanas después Zweig moriría en su casa de la sierra en Petrópolis, en el estado de Río de Janeiro, convencido de que los nazis dominarían el mundo, atormentado porque América, tan lejos entonces de Europa, dejaba de ser un refugio. En Las afinidades electivas, J. W. Goethe escribe: “Hay casos –¡y tantos que los hay!– en los que todo consuelo es una úlcera y la desesperación un deber”. Goethe fue un enamorado de Brasil y Zweig, admirador del escritor alemán, envenenó su sangre con desconsuelo, conscientemente, obcecado en que la muerte era su única salida. En las fotos del velorio, en el ataúd, Zweig aparece rodeado de flores. El escritor austríaco se convertiría en uno de los autores extranjeros más leídos en América Latina.

*

Tras dos años sin hablarse, una víspera de Año Nuevo, Fidel Castro envió un paquete a Alina Fernández Revuelta, su hija ilegítima. Allí dispuso un enorme pavo, varios kilos de frijoles negros, ochenta pesos, vino argelino y unos cuantos libros de Stefan Zweig. Años antes, en 1953 o 1954, durante su estancia en prisión, Fidel había escrito varias cartas a Naty Revuelta, la mamá de Alina. En ellas, un Fi...

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Comentarios a esta entrada

luciano tanto

¿su "hija ilegítima"? extraña idea, simil "católica".

luciano tanto

¿su "hija ilegítima"? extraña idea, simil "católica".

luciano tanto

¿su "hija ilegítima"? extraña idea, simil "católica".

Su comentario

Pablo Ferri

(Valencia, España, 1985). En 2014 recibió el Premio Ortega y Gasset por la serie de reportajes "Narcotráfico en el corredor centroamericano". Actualmente es reportero del diario El País, en México.

Marzo de 2016
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