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El Malpensante

Breviario

La mirada del espéculo

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 Espéculo del Siglo XVII © Science Museum, Londres • Wellcome library

Tenía catorce años. Mi mamá, mis tías y mis amigas me prepararon para el rito. “Tienes que tenerlo bonito por respeto al doctor: además de ducharte y enjabonarte, perfumarte y empacarlo en unos calzones que no estén rotos, ir a la peluquería a torturarte con cera. Ya eres mujer, creciste, te toca ir al ginecólogo”.

Ya en el consultorio, en la mesa descansaba un aparato de metal que nunca había visto. Una combinación entre pistola, pico de pato y llave inglesa, con un par de tornillos y un orificio para mirar. “Parece algo que decomisaría la policía”, pensé. Un par de minutos y de repente estaba adentro, muy adentro. La enfermera me dijo que no dolía tanto, pero mentía. Ni mi mamá, ni mis tías, ni mis amigas me habían advertido sobre el espéculo, y ahora el médico –sin el menor tacto– raspaba mi coño esculcando rutinariamente con esa herramienta metálica y fría.

–¿Qué se ve?

Silencio.

Creo que todas nos hemos preguntado alguna vez por qué tiene que ser tan incómodo. Si creamos internet y mandamos robots a Marte, por qué en todos estos siglos no hemos podido inventar algo mejor para mirarnos allí.

Ese aparato que conocí en un ritual angustioso hace ya más de seis años lleva más de 2.000 entre nuestras piernas y no pocos han hecho un esfuerzo en este tiempo para hacerlo más soportable. Los más antiguos fueron encontrados en Pompeya y parecen sacados de un cuento de terror o de una fantasía sado: dos aspas, una manija circular y un ángulo imposible de 45 grados. Incluso antes, en el siglo ii, el médico griego Sorano de Éfeso llamaba “dedo vaginal” a lo que su contemporáneo, un rabino de Babilonia, Samuel Yaryinàah, denominaba ya “espéculo”, su versión metálica de un instrumento de bambú descrito en el Talmud.

Todas las primeras variaciones del aparato incluían aspas, cuchillas, espejos, tornillos, ganchos y manivelas para cortar, suturar y reacomodar. Podían ser de bambú, boj, ébano o metal. Ha habido espéculos como coños hay en el mundo. Fue hasta el siglo xi, con el...

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