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Ficción

Microrrelatos

Memorandos, divorcios y paradojas

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© Ilustración de Paula Niño 

La paradoja del abuelo

Con los nuevos adelantos tecnológicos al alcance de la mano, decidí viajar al pasado para dar muerte a mi abuelo. Él, al verme, se da cuenta de mis intenciones y me dispara primero. Desde entonces soy otro pobre chico sin futuro.

Formulario de un desastre

Entre los suscritos, a saber: de una parte_________, mayor de edad, vecino de ______, identificado con la cédula de ciudadanía número_______, a quien en adelante denominaremos contrayente, y de otra parte_________, mayor de edad, vecina de___________, identificada con la cédula de ciudadanía número _______, a quien en adelante denominaremos contraída, se celebra el presente contrato de COMPRAVENTA, cuyas cláusulas les serán reveladas el día del divorcio. Firmado en _______. A los____ días del mes de__________. Puede besar a la novia.

Un agujero en el agujero

Dentro de unos mil años, una madre envió a su hijo a la tienda a comprar un agujero negro hipernanominúsculo. Lo necesitaba para deshacerse de viejos utensilios de cocina y también para hacer desaparecer la mugre obstinada de algunas ollas. Como se habían agotado, el niño compró uno de otra marca, más barato y un poco más grande. No se dio cuenta de que el talego estaba roto y nunca más regresó.

Todo es relativo

Esa mañana se despidieron con un beso en los labios y acordaron encontrarse al atardecer en la esquina de siempre para tomar un café y contarse los detalles del día. Él salió apresurado para completar una jornada entera de maniobras y ella se sentó a tejer la bufanda que le había prometido. Él abordó su nuevo avión de combate a reacción y aceleró todo lo que pudo. Ella prefirió tejer la bufanda muy despacio para no perder los puntos. El reloj de él, obediente a la ley de la relatividad universal, empezó a girar un poco más despacio a medida que aceleraba su nave al límite. El reloj de ella siguió girando como siempre. Al atardecer, luego de la agotadora prueba de cientos de miles de kilómetros, él la encontró puntual, en la esquina prometida, y la besó en los labios, mientras ella se había cansado de esperarlo y se marchó.

Memorando

A quien interese:

Certifico que el señor Ángel Custodio de la Guarda, ciudadano indocumentado, trabajó a mi servicio desde 1963, año en el que me fue asignado para desempeñar servicios de vigilancia y protección personal bajo la modalidad de contrato a término indefinido sin remuneración tangible, hasta el día de hoy, fecha en la que fue suspendido por no haber cumplido con el horario de trabajo llegando tarde al lugar del siniestro.

(Siguen firmas.)

Degustación

Sábado soleado, primer día de un fin de semana largo. Las puertas se abren dóciles y un guarda sonriente entrega los carritos. Unos segundos para trazar la ruta y empieza por los panes. La primera que se acerca es una rubia flaca, con frenillos. Ofrece cuadritos de tostadas en una bandeja, acompañados de jamón (preferible el paté de la semana pasada, pero no importa); echa dos paquetes en el carro y antes de seguir toma otro cuadradito retribuido con un guiño. Siguen las carnes frías, están muy cerca de los quesos. Haciéndose el desentendido, da dos o tres vueltas entre unas y otros. El queso está bien, no tanto las salchichas; la nena muy gorda y el disfraz de pastora no le sienta. Elude las verduras y va directo a los paquetes. Hoy no regalan doritos, pero sí papas fritas de colores. Como la promotora es agradable, entablan conversación mientras toma varias papas de cada color, y pone tres paquetes en el carro; se despide de beso. Tiene sed, mucha sal; en las bebidas los vasos son demasiado chicos, entonces se vuelve un poco descarado y pide sin pudor. “¡Voy a comprar varias botellas!, no me miren así”. Continúa a la mejor parte, los licores. Debe poner cara de señor importante, nunca falla. Qué bien, la chica es deliciosa: ojos verdes, pelo oscuro y sonrisa con hoyuelos; además una voz... Sin pedírselo ella le da tres copas seguidas y él, muy vanidoso, la premia llevando dos botellas. Llegó la hora de irse. Se interna en la sección de ropa y con disimulo abandona el carro, justo cuando su mujer le avisa por celular que lo espera en la fila. Pagando, le pregunta dónde diablos estaba metido y él le contesta que por ahí... en los vinos.

© Ilustración de Paula Niño 

Predivorcio

Cuando él no está, ella siente que ha estado en su vida desde mucho antes de conocerlo. Pero cuando lo mira entrar por la puerta, después de todo un día de trabajo, es como si lo viera por primera vez. Al rato vuelve a sentir que él ha estado en su vida demasiado tiempo y en la noche se pregunta cómo será dormir con un desconocido. Al verlo salir al día siguiente, siente un alivio que le dura poco... solo hasta que lo comienza a extrañar.

Un día muy normal

Esta maldita barba que crece quitándome tiempo se asoma todos los días al espejo y me recuerda: primero, que soy del género masculino, y segundo, que el género masculino todavía está en el proceso evolutivo de perder el pelo y de caminar erguido por las mañanas. La crema dental, con el tubo enrollado casi hasta la mitad y apretado con un clip para minimizar las pérdidas, me insinúa que no he desayunado. “¿Cómo iba a saber Cervantes que gracias a él escribir se iba a convertir en un oficio de quijotes?”. Desde la habitación llega una voz de mujer: “Amor, te robaron. En esta caja dice que vienen seis condones y solo hay cinco”. El ser humano es así: cuando empieza algo bueno, termina por aburrirse, y si empieza algo malo, termina por acostumbrarse. Iba a proferir una maldición, pero en lugar de eso me salió un “¡ay, Dios mío!” suspirado. Preferí abrir las ventanas, que entrara el sol y expulsara el tufo mortecino de la noche. ¿Hay en los cielos de Santiago un devorador de nubes?. La punzada en el corazón fue confundida al principio con un gas y las ambulancias de esa hora siempre se demoran.

Dong

Mampara Tsé nació con un talento indiscutible para el piano: dedos anatómicamente proporcionados para deslizarse por las teclas y un oído privilegiado, capaz de transformar los sonidos de la naturaleza en notas musicales. Tenía el éxito asegurado. Su fracaso no se debió al color de su piel, ya que en ese entonces todos los humanos éramos oscuros, sino a que nació en el siglo seiscientos antes de Cristo. El león se deleitó con los dedos largos y las piernas cortas de Mampara Tsé, maestro de la música que nunca llegó a enterarse. Me pregunto si yo no seré un campeón olímpico de daling.

Sommelier

Si tienen un proceso de envejecimiento inadecuado y sin los cuidados necesarios... se avinagran y no hay quién se los tome. Si están elaborados con uvas de mala calidad, no hay quién los arregle. Si son muy nuevos, recién elaborados, todavía no muestran totalmente sus atributos. Los mejores son los que han tenido un buen proceso de maduración, los que se han conservado convenientemente y ofrecen diferentes sabores dependiendo de la temperatura: muy calientes se les evaporan los sabores y muy fríos la lengua se anestesia y no saben a nada. Con buen cuerpo, redondos; para mi gusto, mejores los tintos que los blancos, ni secos ni semisecos sino todo lo contrario. Que hayan sido adecuadamente descorchados, agradables a la vista, al olfato y por supuesto al gusto. En las catas se oyen además descripciones como: aterciopelado, cálido, estructurado, generoso, ligero, dulce, vigoroso... Aplíquele esos nobles adjetivos a una mujer y verá que es todo lo que uno puede pedir en esta vida. Hasta se puede pensar en maridaje.

Derechos de autor

El momento en el que más admiré a mi madre fue cuando un mediodía cualquiera me contó el cuento de los tres cerditos y el lobo mientras me embutía grandes cucharadas de sopa verde superiores a la capacidad de mi boca. Yo juré durante mucho tiempo que ella lo había inventado; hasta que entré al colegio y me enteré del significado de la palabra plagio, involuntario o con fines nutricionales, pero plagio al fin y al cabo.

Esa tierra mía

Los televisores se hicieron cada vez más y más delgados hasta volverse un simple hueco rectangular en las paredes, por donde Alicia y sus amigas ahora se introducen a visitar un país azul verdoso en donde el hielo es una atracción de circo. El café tostado y molido, así como las telarañas de los rincones, son poderosos hemostáticos, y la gente es muy buena, hasta que se le demuestra lo contrario.

Resurrección

Por ser un día soleado, nadie vio al fantasma caer herido de vida por segunda vez en su muerte. Pero esta vez sí pudo ver el negro túnel y por allí se metió dejándolos a todos asombrados.

La ruleta de la suerte

¡…y funcionó! Un solo chasquido de los dedos y despertó en la semana siguiente. Corrió a buscar el diario de la fecha y memorizó el número ganador de la lotería. Otro chasquido de los dedos y estaba de nuevo en el presente: corrió a comprar el billete ganador. En efecto, unos días más tarde estaba mirando en el diario cómo se hacía millonario en un instante; ahora un chasquido involuntario de los dedos y de nuevo unos días atrás corriendo a comprar el número ganador y esperando que llegara el día de ver si había ganado otra vez el premio gordo. ¡Sí!, millonario de la noche a la mañana; después un chasquido de los dedos que lo transportó de nuevo al pasado a correr...

 

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Santiago Leaño

(Bogotá, 1963). Ha publicado en la página web de Letras de Chhile y colaboró en el libro "Basta, más de 100 cuentos contra el maltrato infantil" (2010)

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