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El Malpensante

Ficción

Correr

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© Ilustración de Gaby Selby 

Mauricio stock se levantó antes de que sonara el despertador. Ya nunca se despertaba tarde, no podía. Caminó hacia el baño sintiendo las articulaciones de las caderas. No llegaba a ser dolor, pero estaban allí, presentes. Los tendones moviéndose en sus correderas, las superficies óseas, esas zonas internas de su cuerpo que antes no habían existido, porque un cuerpo joven es un cuerpo desconocido, una máquina perfecta, misteriosa, que nunca ha sido necesario desarmar para estudiar su mecanismo. Se frotó la cabeza con Minoxidil estudiando en el espejo los matorrales ralos que se obstinaban en crecer en ese páramo. Pero cuando todos sus folículos pilosos estaban vivos, sanos y productivos, ¿hubiera podido levantarse una mañana de domingo cualquiera y hacer un fondito de dieciocho kilómetros? No hubiera podido. Se puso los lentes de contacto antes del desayuno. Prefería no dejarlo para último momento por si aparecía alguna molestia imprevista. Mientras hervía la pava prendió la tostadora. Esperó a que estuviera bien caliente antes de meter el pan. Se preparó un té con dos cucharadas de miel y masticó despacio tres tostadas chicas con mermelada de ciruela. Antes salía en ayunas. Ahora había aprendido la importancia de cargar carbohidratos, aunque se moderaba en la cantidad para no sentirse pesado. A la vuelta se comería un pote de cereales con leche y una banana para reponer el potasio, aunque su médico le hubiera dicho que no era necesario preocuparse por eso, que el potasio está en todas partes y no se pierde con el sudor. Muchos hábitos habían cambiado desde que empezó. Al principio había creído que lo ideal era usar ropa de algodón, porque absorbe la transpiración. Treinta años atrás, cuando jugaba al básquet, esa era la regla de oro en el mundo del deporte. Pero el Máster le hizo notar que el algodón, en efecto, absorbe la transpiración: y por lo tanto se empapa. Después de los cinco kilómetros, ese peso se empieza a notar hasta convertirse en un lastre. Ahora se usaban materiales sintéticos que dejaban evaporar el sudor, el mismo tipo de fibra que mantenía seca la cola de los bebés en los pañales descartables. El señor Stock, sin embargo...

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