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El Malpensante

Ficción

El espía inglés

.

© Ilustración de Paola Escobar

El joven rubio está parado en la Plaza de Santo Domingo. Con su vestido caqui, botas altas y sombrero de corcho se ve un tanto fuera de lugar en esta Cartagena de Indias de los años de la Primera Guerra Mundial. Es extranjero, inglés para ser más exactos, y ahora camina distraídamente por la vieja y ruinosa ciudad, dándose golpes de fusta sobre las botas, tic aprendido seguramente en su estadía en la India o en Sudán. Al llegar al Portal de los Dulces se compra un caballito de papaya y unas cocadas de ajonjolí, y en el rostro se le marca la satisfacción al saborear el dulce criollo.

¿Qué más cosas hace este inglés, al parecer muy despistado, que a las pocas semanas renueva su vestuario y cambia su atuendo de explorador por el vestido de lino blanco y el sombrero panamá, al igual que los caballeros prestantes del lugar?

Poco a poco se ha vuelto una figura familiar. Se sabe que está ligado en cierta forma al Consulado británico; que da clases a domicilio a las niñas de la alta sociedad cartagenera y que con frecuencia, con otro extranjero, un anglo-hindú, hace algunas mediciones topográficas de los manglares cercanos a Bocagrande.

Aunque parco y austero de día, este joven de bigote recortado y cabellos de un dorado intenso también conoce la vida nocturna, la pequeña nota bohemia de la ciudad. No hay otra explicación para que algunas morochas lo saluden con cierta picardía en la mirada, cuando él, vestido en forma impecable y tratando de adoptar un aire circunspecto, acompaña a algunas de sus alumnas al Instituto de Bellas Artes.

Un día desaparece. Se dice que ha tomado un barco de regreso. A sus amigos de póker en el Bodegón del Tuerto no deja de intrigarles el hecho de que se hubiera embarcado en Puerto Colombia y no en el puerto local. Pero donde hay una total conmoción por su ausencia es en el Rincón Guapo, sitio galante donde las muchachas se disputaban el honor de acariciar la blonda cabellera del joven Alfred, como lo llamaban familiarmente.

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Comentarios a esta entrada

Cristian Jimenez

Bien escrito, pero sin fuerza ni esencia.

Cristian Jimenez

Bien escrito, pero sin fuerza ni esencia.

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r Bacca

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