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El Malpensante

Ficción

La Noria

Traducción del alemán de Andrea Garcés

© Ilustraciones de Marcianita Barona 

Monika se mudó a la noria en el verano de 2003 tras interrumpir definitivamente sus estudios de derecho. Sus padres, empresarios adinerados, ya habían manifestado su intención de seguir apoyándola financieramente y ni siquiera se sorprendieron por el precio descomunal del alquiler en el vagón 21 de la enorme construcción de acero ubicada en la periferia de la ciudad.

La rueda azul construida en medio de cierto bombo publicitario a finales de los años noventa por el arquitecto estrella de origen austríaco Albert Zmal, y cuyos radios resplandecían entre la niebla esa mañana de septiembre, se había convertido paulatinamente en el nuevo emblema de la ciudad. Sin embargo, al mismo tiempo la demanda de los apartamentos había disminuido de manera drástica, probablemente debido a que era necesario acostumbrarse al particular modo de salir de la vivienda. Era necesario esperar hasta cuarenta minutos a que el vagón alcanzara el suelo, o bien oprimir el botón que hacía detener la rueda para tomar uno de los ascensores de alta velocidad que se desplazaban por los radios hasta la torre central, donde se podía encontrar una escalera para acceder al exterior.

En ese momento, el apartamento de Monika estaba a varios cientos de metros sobre la tierra, en el punto más alto de la noria. Monika estaba sentada en la mesa de la cocina y se calentaba, con una humeante tasa de té, la mano que padecía de mala irrigación. “Darjeeling”, leyó por tercera vez la inscripción de la bolsita de té: una palabra amigable, casi cariñosa; como “darling”, pero ensanchada con una sílaba insólita.

Empezó el día con algo de pesadumbre. Al principio intentó airear las habitaciones, pero se dio cuenta de que alguien había pulsado el botón para detener la rueda, quizá incluso la retenía inmóvil –eso pasaba siempre que había mudanzas–, y aún flotaba muy cerca del ruido y la mugre de la calle principal. Entonces optó por tomar un baño y pintarse las uñas de los pies, sin que esto influyera positivamente en su estado de ánimo.

Miró por la ventana. Al otro lado del parque municipal se podía ver con claridad el exoesqueleto gris de una fábrica abandona...

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