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El violín de Chaplin

Traducción del inglés de Juan Carlos Garay

La música ocupa un lugar central en las películas de Charles Chaplin, cargando de emociones los silencios del cine mudo. Además de haber compuesto buena parte de esas piezas con violín en mano, el comediante vivió una íntima y prolongada relación con el instrumento.

© Ilustración de Nicholas Stevenson

 

En plena cima del éxito, Charlie Chaplin albergaba una fantasía con su violín. Fue en 1920, unos días antes del estreno de su película El chico, cuando le dijo a un periodista: “Una vez tuve una ensoñación. Vi a mis pies un montículo desordenado con todas mis ropas de la pantalla. Ese vestuario terrible: el bigote, el sombrero de hongo desgastado, el pequeño bastón, los zapatos rotos, la camisa de cuello sucio. Y me decidía a nunca más ponerme ese disfraz, a cambio de retirarme a la orilla de un lago italiano con mi amado violín, con mis lecturas de Shelley y de Keats, y vivir bajo un nombre ficticio una vida imaginativa e intelectual”.

No sorprende que alguien que pasó, en diez años, de la pobreza abyecta a ser el hombre más famoso del mundo ansiara un retiro. Pero la idea de que Chaplin soñara con llevarse su violín me parece conmovedora. Solo hasta hace poco tiempo me volví seguidora de Chaplin. Siempre lo menosprecié, bajo la concepción errada pero muy repetida de que su obra es demasiado sentimental. Tiempo después descubrí su imaginación extravagante, su anarquía, su gracia, su humanismo y su coraje moral. Ahora que he consumido tantos libros, devedés y proyecciones como he podido, puedo decir que soy una adicta. En medio de esa adicción descubrí que Chaplin fue, durante buena parte de su vida, un violinista aficionado pero comprometido, y que incluso cuando su pasión disminuyó, supo verter aquella experiencia en la escritura de bandas sonoras repletas de cuerdas.

Chaplin tocó el violín dos veces en la pantalla, en filmes que se ubican al comienzo y final de su carrera. En Músico ambulante, de 1916, interpreta a un músico callejero que no tiene reparo en hacerse a las propinas de otros y que usa su violín para seducir a una muchacha gitana. Aparecen unos chistes visuales que tienen que ver con la interpretación musical: un dedo meñique que no puede parar de vibrar y una picazón en la nariz; y Chaplin demuestra que puede interpretar cualquiera de sus secuencias humorísticas (como una persecución y varias caídas en un platón de agua) mientras agarra un violín y un arco. Su manera de tocar se ve fluida y confiada, aunque su vibrato parec...

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Ariane Todes

(Reino Unido). Violinista y escritora de temas musicales. Fue editora de la revista The Strad hasta marzo de 2014.

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