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El Malpensante

Artículo

La adrenalina de la indignación

Cómo la corrección política ha eclipsado el humor contemporáneo

Chistes virales, memes ingeniosos, sitios web de hilarantes noticias falsas... el humor parece estar pasando por un momento de afortunada difusión masiva. A pesar de ello, el tabú comienza a ganar terreno en ciertos temas. ¿Cómo se miden estas fuerzas? ¿Qué está haciendo la corrección política con el humor? 

Ilustración de Marcos Guardiola

Lo que ha sucedido con el humor en las últimas dos décadas sería chistoso si no fuera tan denodadamente serio. Pareciera que no soportamos la mayoría de sus formas que antes teníamos por respetables. Existe la clara idea de que hay contenidos inabordables; sugerir que hay algo chistoso en la forma de vida de los gays, las lesbianas o en las minorías no solo parece inadecuado sino abiertamente delictual. Las bromas de género que comparan hombres y mujeres son ahora impensables; imagine llegarles a los amigos hoy –para citar un chiste que fue muy popular en los años noventa– con la broma aquella según la cual el estofado hecho de sesos del género opuesto es carísimo dado el número de sujetos que han de sacrificarse para lograr ínfimas porciones. Como bien dice el comediante Jim Norton, nos hemos vuelto adictos a la adrenalina de la indignación. Eso es preferible a creer, dice Norton, que hemos devenido en “una sociedad de niños emasculados cuya única defensa contra la agonía emocional es disparar un botón de alarma cada vez que alguien dice algo que no nos gusta”.

¿Qué se ha apoderado de nuestro estilo de vida que lo ha vuelto solemne y proclive a la indignación? Aceptamos solo formas de humor dirigidas contra nosotros mismos o nuestros padres, y otras como las de South Park que, traspasando toda medida, se han ido a un extremo en el cual lo inverosímil disuelve lo incorrecto. Considere todos los ámbitos de la vida inaccesibles a la risa: la insufrible solemnidad de los economistas, la agelastia de las feministas.

Desentrañar el problema parecería especialmente complicado. Y lo es porque nuestra posición ante el humor no es el resultado de una causa que opere como un vector unidireccional. Es que es el producto de la superposición de dos o más marcos conceptuales que definen nuestras vidas: uno de ellos apenas si notamos que lleva con nosotros más de 150 años; el otro no lo cuestionamos. Nuestra vida es un extraño prensado de los dos, en el cual es prácticamente imposible distinguir los componentes.

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Comentarios a esta entrada

cristina ciccarelli

vedo un mondo che si muove solo per l'emozione del momento e non utilizza quasi mai la ragione, la mia indignazione più feroce è per l'indifferenza che vedo verso la vita dei minori.

Su comentario

Roberto Palacio F.

Es filósofo y autor de Sin pene no hay gloria(2008) y de Pecar como Dios manda. Historia sexual de los colombianos (2010)

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