Google+ El Malpensante

Artículo

La generación del diario único

En Colombia sólo queda un diario de verdadera circulación nacional. Esta soledad no parece haberle hecho bien a El Tiempo, opina un lector de los que hoy el periódico busca con ahínco: joven y suscriptor.

Una persona se suscribe a un periódico de circulación diaria cuando ya pasó los 30. Antes no se puede: faltan la vajilla, las cortinas de baño plastificadas, un escritorio, algún seguro y ese viaje a Machu Picchu que alguna vez te prometí. Pero a los treinta y pico, cuando uno sale menos —los bares están llenos de adolescentes—, cuando comienza a consultar algunos clasificados de carros usados, cuando quiere saber si la cartelera de cines ofrece un escape del tedioso martes o cuando simplemente hay que madrugar menos —y por lo mismo—, hay unos minutos de más en la cama, entonces, en ese momento, uno quiere recibir el periódico en casa. “Deja que tus hábitos burgueses aparezcan”, clama David Bowie.

Creo que el gusto por leer el periódico nos viene de lejos. Tal vez el diario de la mañana está inscrito en nuestra memoria familiar. La prensa liberal del Frente Nacional marcó los hábitos de lectura de nuestros padres de una forma irreversible. Yo vengo de una familia que, a pesar de ser trotskista, leía El Tiempo. No había nada más divertido que ver las reacciones de mi padre a los editoriales de Hernando Santos, o escuchar las lecturas en voz alta de las columnas “Reloj”de Daniel Samper que destapaban las podredumbres de nuestra clase política. Así crecí yo, dentro de una familia de suscriptores de clase media en los convulsos ochenta.
 
Como les decía, un día cualquiera con treinta y pico y con un par de años de salarios a cuestas, nos damos cuenta de que somos sedentarios y nos suscribimos a un periódico. Descubrimos que en un país como éste el placer de mezclar asuntos nacionales con café y tostadas es, como en las propagandas de cereales y ejecutivos, una imagen de bienestar tipo estrato seis. Leer el periódico de la mañana: sí, es un placer culposo, pero si me apuran, es uno de los grandes placeres de la vida.
 
Hay un hecho que parece banal pero que quiero recalcar. Nosotros, los que en este último lustro nos estrenamos como suscriptores, somos una generación diferente, definida por la pérdida: somos la generación del diario único. Ahora, cuando por fin podemos suscribimos, ya no tenemos opciones. El Tiempo, periódico fundado en 1911, es el único diario nacional desde 2001. Si usted no tiene intereses particulares —es decir, si no es lector de diarios regionales o del salmón de los diarios económicos o del amarillo rojiz...

Página 1 de 4

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Nicolás Morales Thomas

Estudió en la Universidad de Los Andes. Actualmente trabaja como editor en el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH

Noviembre de 2006
Edición No.74

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Cómo escribir y cómo no escribir poesía


Por Wislawa Szymborska


Publicado en la edición

No. 120



Durante tres décadas, Wislawa Szymborska escribió una columna en el periodico polaco Vida Literaria. En ella respondía las preguntas de personas interesadas en escr [...]

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

En defensa de la novela, una vez más


Por Salman Rushdie


Publicado en la edición

No. 158



La crisis de la novela ha sido anunciada con visos apocalípticos en distintos momentos de la historia de la literatura. A mediados de los noventa, uno de sus más destacados representante [...]

Fentanyl


Por Samuel Andrés Arias


Publicado en la edición

No. 77



¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores