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El Malpensante

Música

Una balada punk

La distancia que puede haber entre el dulce José Alfredo Jiménez y el agrio Sid Vicious puede ser la misma que entre el amor y el odio. Mientras son muchos los boleros que esconden una rabia desgarradora entre sus tonadas melosas, no es tan raro que el punk cante con melodías frenéticas al cariño entre dos.

© Ilustración de Silvie Prietov

Las postales oficiales del amor punk podrían mostrar esto: Sid Vicious y Nancy Spungen abrazados en París, con la torre Eiffel al fondo; Sid y Nancy en un pub de Londres, ambos con las bocas abiertas y rozando sus lenguas; Sid y Nancy narcotizados, deshechos sobre un sillón. También mostrarían el cuerpo de Nancy en el baño de una habitación del Hotel Chelsea de Nueva York, naufragando en un charco de sangre que brota de su estómago; Sid esposado y en medio de una jauría de fotógrafos; el cadáver de Sid, hallado cuatro meses después que el de Nancy –el 2 de febrero de 1979–, en un apartamento en Greenwich Village, con una sobredosis de heroína. La nota en la que decía: “Hicimos un pacto de muerte, yo tengo que cumplir mi parte del trato. Por favor, entiérrenme al lado de mi nena, entiérrenme con mi chaqueta de cuero, mis vaqueros y mis botas. Con amor, Sid”.

Amor. Amor punk.

Para 1986, los Ramones lanzaron el álbum Animal Boy donde incluyeron la canción “Love Kills”, en la que Dee Dee Ramone recuerda a su amigo Sid y cuenta la historia de los amantes: “Sid was a punk rock king / Nancy was a broken queen / Their lives were so glamorous / Sid and Nancy were a mess / When youre hooked on heroin / Dont you know youll never win / Drugs dont ever pay / You really did it your way / Love kills”. La canción, con tres acordes y dos minutos de duración, es pura velocidad, pura calle, pura honestidad brutal. Es romance y tragedia punk.

No es frecuente que el punk le cante al amor. Tampoco es común asumir que bajo la chamarra con taches y la cresta puedan existir sentimientos diferentes a la rebeldía como, por ejemplo, la ternura. Es la imagen pública, la fachada construida con leyendas como la de Sid y Nancy, con calles sucias, con excesos, con golpes, con drogas y alaridos. Es lo que se ve: si hay amor debe ser doloroso o caótico o sexual. El argentino Rodolfo Fogwill comenzaba su cuento “Muchacha punk” así: “En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir ‘hice el amor’ es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que ‘hicimos’ ella y yo, no eran el amor y ni ...

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Julián Isaza

En 2009 ganó el Premio Rey de España con la crónica "Atlas es chocoano". En 2017 ganó un Premio Simón Bolívar de periodismo por su crónica "El vuelo del pterodáctilo". Dirige "Directo Bogotá".

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