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El Malpensante

Música

Los acetatos de mi padre

Treinta y siete álbumes descubiertos accidentalmente son el pretexto para que un periodista musical esculque en el pasado de su familia. En los surcos de estos discos parece grabarse un fragmento violento, hippie y nostálgico de la historia reciente de Colombia. 

Al doctor Álvaro Vega, en su cielo con diamantes.

Mi abuelo paterno se llamaba Avelino Vega. Era un campesino liberal, energúmeno, generoso, enamoradizo, anticlerical y volteriano. Nació en La Chorrera, una vereda a medio camino entre Susacón y Soatá, dos pueblos conservadores de la Provincia del Norte de Boyacá que durante la República Liberal –período comprendido entre los años 1930 y 1946– vieron amenazada su estabilidad política y económica. Aun cuando estaba casado con Genoveva Moreno –hija de quisquillosos conservadores y sobrina de curas camanduleros–, al viejo cachiporro los chulavitas le querían partir el cráneo en dos. Dado su carácter, era apenas lógico que se hubiera quedado en sus pagos haciéndoles frente a sus declarados antagonistas. Pero no sucedió así. Antes de perpetuar los odios heredados y de continuar con la tradición atávica de agarrarse a trancazos con los godos, una madrugada aciaga de 1943 emprendió el largo viaje a Bogotá.

En la víspera de su partida lo escondieron en una cueva. Dejó los fértiles campos donde había cultivado maíz, trigo y tomate. Abandonó Betania, una casa luminosa y enorme empotrada en el borde de una peña gigantesca, justo al lado izquierdo, donde el Cañón del Chicamocha inicia su imponente geografía. Jamás volvió a sentir la brisa fría que en las tardes baja de la Sierra Nevada del Cocuy ni el aroma refrescante y tranquilizador del hayuelo. Se fue sin nada, apenas con lo que tenía puesto. Ni siquiera tuvo tiempo para embarcarse con su esposa y sus hijos.

Arribó a la capital con su hermano Ignacio. Se hospedaron en pensiones de mala muerte y ganaron sus primeros pesos como herreros de los caballos que empujaban las carretas de cerveza Águila. Su esposa y sus hijos llegaron un par de años después cuando él ya se había convertido en un próspero negociante de maderas finas que acarreaba desde el Carare. Vivieron en el barrio Modelo y luego, justo en el mismo año que asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán, compraron la casa donde crecieron mi papá y sus cinco hermanos.

Mi padre, el futuro médico homeópata Álvaro Vega, vino al mundo el 29 de enero de 1956. Vivió su niñez en la nueva casa...

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Luis Daniel Vega

Toca la batería en Los Sabroders y Las Pegastick. En 2009 ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría mejor programa cultural en radio

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