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El Malpensante

Poesía

Montar en columpio me hermana con el vuelo

Poemas de León Darío Gil

.

SUELTOS DATOS DE LA VIDA

Lo que he debido hacer, todo, no lo he hecho.

Mal o bien me han amado. Bien o mal he amado.

Lo que ambicionaba tener aprendí, por fin, a no tenerlo.

A ir despacio me aconsejó el afán.

El respeto lo deduje, tarde, de dudar tanto de mí mismo.

A cambiar de pronto de camino lo supe por mis pálpitos.

El frío me hizo estimar lo que me entibia.

 

Un dolor agarrado de una uña, menos verdadero

 no es ni menos doloroso

que un dolor agarrado del pecho.

Por arduo, nunca, ningún camino me ha quedado largo.

Donde es debido descansar descanso.

La llevo bien con la lluvia.

Soy amigo de entrar en las iglesias, de hablar con forasteros,

de recoger fotos y cartas rotas del suelo.

Me ha aburrido la incesante constancia del sol,

nunca la pródiga sombra de los árboles.

 

Cómo se espulgan las golondrinas me trastorna, sus amores.

Montar en columpio me hermana con el vuelo.

El agua por el claro misterio de la sed. La esquiva multitud de las palabras.

No compro más paraguas, ni una moneda más gasto en banderas.

En mí mismo me he perdido por horas, por días, por semanas, por meses,

por años, por eternidades enteras, y a tientas he encontrado de nuevo mis orillas.

Perder los papeles, creo, es más infausto que perder el juicio.

 

Hablo con los vasos en las mesas de las cantinas

que no es lo mismo que hablar solo en los escaños de los parques,

anclado en una esquina o mientras voy andando.

Por qué, cuándo y dónde fue que se perdió mi caballo de palo, me acongoja.

Al mar fui una vez, no más, su inmensidad inabarcable me hastió.

Del odio... menos que la injusticia, odio lastimeramente las mesas cojas.

Para conocerlo furtivamente de noche y salir

me gustaría entrar al cielo; no lo he hecho todavía.

Si se le caen, a mis camisas les coso los botones. Embetuno mis zapatos.

Buscaba que mi padre me dejara su bondad;

de él tengo su noche última, su silencio prudente, una foto y su sombrero.

De los tres que ofrece el genio un solo deseo pido: ser abrigo de tu frío.

Vivo a mi modo, como a mi modo pienso, como a mi modo visto,

como a mi modo rezo, como a mi modo maldigo, como a mi modo extraño,

como a mi modo escribo, como a mi modo siento y siento que te quiero.

 

Con el alma tuya me dijiste mío, yo te dije mía con el alma mía.

 

Una sola relación tengo con la envidia: me importa un bledo.

Si volviera a nacer, para no repetirla, quiero volver a vivir mi vida.

Me obligo cada vez más a mirar atrás para ver por dónde sigo.

Irme hasta donde empieza o acaba la ciudad, me gusta,

y devolverme contándole sus perros.

Esa tarde contigo en Chipre y ese helado y esa oblea y ese beso

y esa tonta manera de esa vez querernos, me perduran.

Como de haber renegado,

de haber querido ser cometa, no me arrepiento,

ni de las noches en vela que pasé sintiendo siendo viento.

Que ciertos días, imploro, no amanezcan.

El cinco que en segundo le saqué a doña Lola por una plana de efes

es un cinco que jamás otra gloria lo supera; no lo arrinconará nunca el olvido.

Perdí en un zaguán la inocencia con Cristina;

si me oyes, Cristina, te guarda Dios un oficio de ángel en el cielo.

 

Como el que he vivido, el tiempo que me resta me lo voy a tomar

conmigo y aquí, sin pasante y en una copa sencilla.

 

EVANGÉLICA


Su credo, que le tiene hasta los tobillos

alargada la bata y hasta la cintura el pelo,

hasta la exageración le tiene subrayada la lujuria.

Siento por momentos que Yahvé la desampara

que la deja por cuenta del mundo y sus señuelos,

que la encarta

de pérfidas insinuaciones y crecidos pecados.

 

Inútil. Aunque lo intente, no es capaz de restarse

los brotes endiablados de sus labios,

la maldad azul de sus ojos en fiesta,

el dadivoso anchor de sus caderas

y su humano destino de enrabiar la caricia,

de alebrestar la imaginación

y de agrietar los abismos del deseo.

 

Si entre el pecho y las manos entibia, con fervor,

el Libro de la Palabra, ni el Libro ni las manos

estropearán la enhiesta voluptuosidad de sus cumbres,

ni vencerán su tarea de proas abriéndose camino,

ni apabullarán la jauría de ojos que insisten

en regodearse con su par milagros, altos,

o con el otro milagro que, magnífico,

se le desgaja de la mitad del cuerpo.

Le agrega, que no se pinte,

un hálito de inocencia

arrebatador, dulce y tenue.

...

La esperé

y a una cuadra de salir del Culto

con devoción le dije:

Tanta hermosura junta es un pecado.

 

Gloria al Señor, me respondió,

con empinada coquetería

un tanto más efusiva que cristiana.

UÑAS

Irse de quienes son, salirse.

Van siempre adelante,

dueñas de su suerte abriendo su camino.

Manada indócil de criaturas. Pertinaces, sutiles,  silenciosas.

 

Anuncios incansables del remoto origen. Remoto e ignorado.

Declaración visible de los huesos, reminiscencia de las garras

entre el alma encarnadas y entre el aire.

 

Crecen con el afán que solo a ellas les incumbe.

Crecen más allá del tiempo y de la muerte.

No les importamos

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León Darío Gil

En 2004 publicó el poemario Por tanto ser. Su cuento ?Los usurpadores? fue incluido en la Segunda antología de cuento corto colombiano (Universidad Pedagógica, 2007). Los poemas que presentamos hacen parte de su más reciente libro, Antología de papel (1986-2016).

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