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El Malpensante

Crónica

Obsesión por las ruinas

...y la ruina del Qhapaq Ñan

¿Será cierto que “todo tiempo pasado fue mejor”? Y si no, ¿de dónde viene  esa fascinación contemporánea, casi enfermiza, por restaurar y visitar ruinas? Un antropólogo examina, sobre la marcha, el peregrinaje que miles de personas como él realizan a diario por el camino de los incas, cuyo punto culminante casi siempre es lograr una foto ideal.

 

En el Pomata, al sur de Titicaca, a unos cuantos pasos de la frontera con Bolivia, pregunté a las personas por el camino de los incas. Nadie lo conocía. Pregunté por el Qhapaq Ñan, su nombre en quechua. Menos. Fui a la estación de policía. No tenían idea. Fui a la municipalidad, donde un hombre bajito y cetrino, responsable de la imagen institucional, me dijo que había oído del asunto pero que no sabía nada preciso. Entonces recordó que otro funcionario de la oficina podría saber mejor. Lo llamó. Sabía mejor. En 2014, la Unesco había declarado una serie de caminos construidos por los incas, y que se extendían por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile, como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Yo estaba haciendo una investigación al respecto, financiada por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República.

El camino de los incas, el portentoso monumento reconocido por la Unesco al que el funcionario municipal me llevó, queda a unas pocas cuadras de donde nos encontrábamos. Es en realidad la modesta vía que une a Pomata con Sisipampa, al otro lado del cerro, quizás desde tiempos tan antiguos que ya no se recuerdan. Es el pasaje que usan los lugareños para ir de un lugar a otro. El camino, simplemente. Nada de incas ni de Qhapaq Ñan.

“Ruinenlust” es una palabra alemana que captura plenamente la obsesión moderna por las ruinas. En “Ruin Lust”, una exposición reciente de la galería Tate Britain que jugaba con el vocablo alemán, se describía cómo en la ruina la experiencia melancólica de la pérdida se transforma en satisfacción (la existencia de una curiosa psicopatología que nos lleva voluntariamente a lo que más tememos: decadencia, caída, desaparición e incluso muerte). Las ruinas son el contacto del cuerpo con la historia y están situadas en un umbral ontológico: no son el pasado pero lo representan; no son el presente pero están en él. Como dijo Andreas Huyssen en un lúcido ensayo sobre su sentido en la modernidad, el presente vivo solo existe en ellas “como ausencia. Es el presente imaginado de u...

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Cristóbal Gnecco

Es profesor del Departamento de Antropología de la Universidad del Cauca.

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