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El Malpensante

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El nombre de la risa

¿Quién plasmó la primera risa en Colombia?

Tres contendores se disputan el honor de haber plasmado por primera vez una carcajada, o al menos una expresión socarrona, en el paisaje pictórico de la nueva república. Como en la novela de Eco, un sabueso busca las huellas de la risa, el germen de una tradición caricaturesca tan fulgurante como una biblioteca en llamas, e igual de breve.

 

En El nombre de la rosa de Umberto Eco, el astuto detective franciscano William de Baskerville defiende los estudios de la risa hechos por Aristóteles frente al inflexible Jorge de Burgos. Este último, oscurantista y conspirador, teme justificadamente que la risa sea la muerte del miedo, y sin miedo, ¿no terminaría la gente riéndose del mismo Dios? Con todo, la risa sobrevive a la aventura policíaca de la novela aunque el estudio atribuido a Aristóteles sea destruido en el incendio de la biblioteca de la abadía.

Ahora bien, dejando la fragmentada Italia medieval a un lado, ¿qué hay de nuestra risa? Colombia tiene una larga y bien documentada tradición de humor escrito desde inicios del siglo XIX, menos teórica y más práctica que la que defiende Eco a través de Baskerville y su adhesión a san Francisco de Asís –el más risueño de los santos–. En el arte pictórico nacional, por el contrario, el asunto de la risa y el humor está pidiendo a carcajadas una nueva mano de, pues, pintura. Así que para responder a la pregunta en el titular de este escrito, remontémonos a los primeros lápices, pinceles y gubias que dieron relieve a este gesto en el país en la era republicana, empezando por el retrato de una pelea callejera, y llegando hasta los homenajes a maestros yerbateros. ¿Quién se llevará el título?

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Federico Arteaga

Autor de la novela Las dunas, ganadora del Premio de Escritores Nóveles de Caldas en 2003. Escribe en varios blogs, entre los cuales está Amenfuck.

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