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El Malpensante

Artículo

Bolsillos de la resistencia

El origen y los persistentes efectos secundarios del estallido de la moda en la china pos-Mao

Tras la muerte de su líder, la apertura comercial china incitó a la irreverencia y el vestir se convirtió en un arma política. Los jóvenes chinos bailaban lujuriosos con pantalones bota campana al ritmo de la moda capitalista. Las opciones eran dos: complacer los caprichos desabridos de sus dictadores o enfrentar la pena de muerte. La rebeldía de optar por lo segundo impulsaría, paradójicamente, tanto el consumo desaforado como la contestación.


©tim graham • getty images

 

Un terreno fértil para la moda implica zarandeos y conmociones sociales: la necesidad de pertenecer, de liberarse, el afán por desaparecer o el deseo de ser visto. Durante los años posteriores a la muerte de Mao Zedong, cuando China había iniciado una de las transformaciones más extremas en la historia de la moda –pasando en menos de dos generaciones del producto nacional y colectivo al glamour con la etiqueta del consumismo global pop–, estas tensiones se expresaban en formas diversas. “Durante la era de la reforma china (1976-1989), las personas querían convertirse en ciudadanos del mundo”, escribe la historiadora del materialismo cultural Antonia Finnane. También querían escapar de la identidad de masas a la que habían sido confinadas y convertirse en individuos. “Había un profundo deseo en los jóvenes de hacer algo que transmitiera un poco su rebeldía individual, su expresión personal e identidad cool”, afirma el periodista y académico Orville Schell, que en 1961 llegó a estudiar a Taiwán y ha vivido entre China y Estados Unidos desde 1975.

Los primeros esbozos de la cultura de consumo y del dominio de las marcas que existe en China hoy en día (el país se ha convertido en la segunda economía de consumo más grande del mundo desde 2013, con un gasto de 3,3 billones de dólares en bienes privados) pueden encontrarse en el alboroto, la confusión, las influencias y la extraña vestimenta durante esos años de la reforma. En ese entonces, como ahora, fue el impacto emocional de la moda y la excitante posibilidad de procurarse una nueva identidad lo que electrizó el ambiente.

Iniciaremos la historia cuando empieza el alboroto, en 1966. Mao está fortaleciendo su campaña de revolución permanente y ha hecho un llamado a la purga de todo lo que sea anticuado (es decir, confusionista y feudal), extranjero o burgués. La moda china se reduce rápidamente a “tres viejos estilos” (lao san zhuang) en “tres viejos colores” (lao san se), pero los impactos emocionales, las implicaciones políticas y las repercusiones físicas del atuendo se disparan por las nubes. Contrario a la creencia occidental, el ic&oa...

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Catherine Foulkrod

Investigadora graduada en la Universidad de Brown, radicada en Bilbao. Ha escrito para The Iowa Review, New York Tyrant Books y The Believer, entre otras revistas literarias

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