Google+
El Malpensante

Iceberg

Un hombre tremendo

El Malpensante

.

El siguiente post apareció en la cuenta de Twitter de Marc Haynes

(@teamfaceplant)

 

 

© Ilustración de George Anderson Lozano

 

En 1983, cuando todavía no había salas de primera clase, yo tenía siete años y estaba con mi abuelo en el aeropuerto de Niza. De repente, vimos a Roger Moore sentado en la sala de espera, leyendo un periódico. Le dije a mi abuelo que acababa de ver a James Bond y le pregunté si podíamos ir a pedirle un autógrafo. Mi abuelo no tenía ni idea de quiénes eran James Bond o Roger Moore, de modo que nos acercamos y el abuelo me puso enfrente diciendo:

–Mi nieto dice que usted es famoso. ¿Puede firmarle esto?

Amabilísimo, como cabía esperarlo, Roger preguntó mi nombre y acto seguido escribió una nota llena de enhorabuenas y su firma en el reverso de mi tiquete de avión. No cabía en mí de la felicidad, pero al volver a mi asiento, eché un vistazo a la firma. Pese a que era difícil de descifrar, definitivamente no decía “James Bond”. El abuelo la examinó y medio sacó en claro que decía: “Roger Moore”. Como no tenía ni la menor idea de quién era esa persona, quedé abatido. Le dije al abuelo que la firma estaba mal, que había puesto el nombre de otra persona; de modo que el abuelo regresó a donde Roger Moore, sosteniendo el tiquete que había acabado de firmar.

Recuerdo que me quedé en el asiento mientras el abuelo decía:

–Él asegura que usted ha firmado con el nombre equivocado. Que se llama James Bond.

Moore frunció el ceño al caer en la cuenta de su error y me hizo señas de que fuera a su lado. Cuando ya estaba muy cerca de él, se inclinó hacia mí, miró a ambos lados, alzó la ceja y me susurró:

–Tengo que firmar como “Roger Moore” porque, de otro modo... Blofeld podría enterarse de que he estado aquí.

Me pidió que no le contara a nadie que acababa de ver a James Bond y me agradeció por guardarle el secreto. Volví a mi asiento, con los nervios reventando de felicidad. El abuelo me preguntó si había firmado “James Bond”.

–No –le dije–, el error era mío.

Había empezado a trabajar con el Agente ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

El Malpensante

Julio de 2017
Edición No.187

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Opioides para las masas


Por Keith Humphreys, Jonathan P. Caulkins y Vanda Felbab-Brown


Publicado en la edición

No. 212



Para fortuna o infortunio de Colombia y la región, según sea la óptica del lector, la cocaína no es una de las drogas del futuro en el mundo. [...]

El amor es bailar


Por Margarita Posada


Publicado en la edición

No. 209



¿Quién dijo que el flow solo afecta a la carne y no al espíritu? Algunos pasos nos conectan con nuestro yo. Un yo cuya torpeza para este baile puede significar destreza para aquel [...]

Alejandro Durán, el rey que se destronó a sí mismo


Por Mariamatilde Rodríguez Jaime


Publicado en la edición

No. 205



De las manos curtidas del Negro salieron tantos arrullos de amor como notas de rebeldía, canciones de protesta contra otros reyes menos musicales y más injustos. [...]

Tengo un vecino que escupe


Por Felipe Jaramillo Gómez


Publicado en la edición

No. 210



No es lluvia todo lo que cae del cielo. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores