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El Malpensante

Crónica

Los hijos que retornamos

Venezolanos en Colombia

Las cifras son alarmantes, pero insuficientes para transmitir lo que la inmigración masiva supone para cientos de miles de venezolanos. Estas cuatro crónicas arrojan luz sobre las leyes, las fronteras, las familias, la gastronomía y los acentos de la variopinta diáspora vecina.

Oleadas de venezolanos cruzan el Puente Internacional Simón Bolívar, principal vía terrestre que comunica ambos países, 2016

 

Décadas después de una gigantesca oleada migratoria de Colombia a Venezuela, la corriente se ha invertido. Tres hijas de una diáspora son madres de la siguiente.

 

Nací en Caracas, pero cuando tenía nueve años mi familia se mudó al estado Vargas, que presta a la capital venezolana el principal aeropuerto y también el puerto marítimo con mayor actividad del país. Estudié en un colegio de monjas junto con hijas de españoles, italianos y portugueses que llegaron, precisamente, por esas costas, tratando de sobreponerse a la catastrófica situación que dejó en sus países la Segunda Guerra Mundial. En los ochenta, a muchos de estos inmigrantes europeos se les reconocía como comerciantes y empresarios prósperos. En cambio, los colombianos que migraron por esa época, quienes también habían llegado atraídos por los aromas de progreso que desprendía el petróleo, eran mayoritariamente asociados con labores agrícolas y domésticas, con falsificación y narcotráfico. Así que yo, que era muy popular en la escuela, prefería omitir el dato de que mi madre y mis abuelos eran colombianos, aunque fueran las personas más honestas y trabajadoras que hasta entonces hubiera conocido.

Según cifras presentadas por la socióloga venezolana Raquel Álvarez en un documento publicado por la Universidad de los Andes, se estima que desde 1970 hasta 1990 se radicaron en Venezuela entre 600.000 y 2.000.000 de colombianos, llegando a representar el 77% de todos los inmigrantes asentados en el país en ese período. Entre esas cifras se cuentan mis abuelos –barranquilleros los maternos y samarios los paternos– que, en una Colombia económicamente deprimida y con un conflicto armado interno en crecimiento, cruzaron la frontera en bus y se radicaron en el estado Zulia, en el noroccidente venezolano. Emigraron motivados por el auge económico de un país cuyos ingresos fiscales habían aumentado 250% en un año.

Esa Venezuela del bolívar fuerte y de la solidez petrolera quedó atrás, y el dramático giro agitó de nuevo el movimien...

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Ha sido colaboradora de El Nacional, Univision.com y Semana.

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