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El Malpensante

Coda

De la inutilidad de las artes

Los muy serios y muy ocupados dicen que las artes son inútiles, cliché que no resiste un examen concienzudo.

Un viejo estribillo habla de la inutilidad de las artes. Se refiere a que un personaje al que podríamos llamar Pedro Pérez –y me perdonarán los poetas homónimos que tal vez haya por ahí– nunca va a cine ni a teatro, no lee nada que no tenga que ver con su trabajo o con las necesidades de su vida cotidiana, no sabe dónde quedan los museos de su ciudad, para no hablar del Louvre o del Prado, y solo oye música en los ascensores y en la antesala del dentista. Pedro Pérez, es evidente, no necesita las artes para vivir.

Sea, ¿pero lo que es inútil para Pedro Pérez también lo es para usted y para mí? No, por supuesto que no, y tan no lo es que cabe plantear una paradoja básica que subyace a nuestro tema: las sociedades, entre más sofisticadas, más tienden a cultivar esas artes que se suponen inútiles. Uno diría incluso que mientras más saludable y próspera es una sociedad, más probable es que en ella se cultiven las artes. Se puede entonces llegar a una primera conclusión inestable y es que las artes son inútiles para Pedro Pérez, especie abundante en las capas sociales acostumbradas a una cierta medianía, pero no para un grupo creciente e influyente, aquellos a los que Juan Ramón Jiménez llamaba “la inmensa minoría”.

Una segunda paradoja básica surge en el lado próspero de la ecuación. Quizá los lectores se pregunten por qué son relativamente raros los escritores de gran peso en sociedades ricas e igualitarias, como Dinamarca o Suiza. Yo sospecho, sin que esté en capacidad de demostrarlo con estadísticas o pruebas históricas, que ello se debe a que en estos países las carencias y los conflictos se han vuelto mínimos, es que si no han desaparecido. Si no hay conflictos que vayan más allá de la vida privada, si el Estado se hace cargo de todo, las artes pierden gran parte de su sustrato alimenticio. En contraste, Estados Unidos, un país muy rico pero lleno de conflictos variopintos, es una potencia en prácticamente todas las artes, para no hablar de la martirizada Rusia, cuna de una poderosísima literatura.

 

La tentación política

 

Antes de volver a la veta general, me parece necesario seguir con la tentación política. Cualquier sociedad es un hervidero de energías, afectos, odios, altruismo y prejuicios, novedad y arca&iac...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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