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Reseñas

¡Hágase la serie!

Perfil de Los Soprano, una serie parteaguas

Breve historia de cómo David Chase cambió la pantalla chica para siempre.

Ilustración de Diego Díaz

 

Es posible que a la musa del cine –como quiera que se llame la glamurosa nena– le tome décadas recuperarse del golpe brutal que en tiempos recientes le propinó su antigua hermanita boba, la televisión.

A veces conviene ponerles fechas a los cambios de paradigma. Propongo, pues, que todo comenzó el día en que un hombre maduro que estaba en medio de una sesión de psicoterapia se imaginó a sí mismo como un gánster deprimido de provincia. Nada del otro mundo: todos somos a veces inocuos gánsteres deprimidos de provincia. El hombre, con una clara tendencia a la autocrítica, tenía un problema con su madre, llamada Norma, lo que sigue sin ser nada del otro mundo, pues la mayoría de los hombres que van a psicoterapia tienen problemas con sus madres. La diferencia estriba en que el paciente se llamaba David Chase –su apellido es una mutación del original italiano, DeCesare– y llevaba décadas escribiendo guiones de cine que por una u otra razón no se realizaban. Ahora la semilla de una fantasía empezó a germinar en su cabeza: vio que el gánster deprimido de provincia no era él, sino un capo corpulento y violento al que con el tiempo bautizaría Tony Soprano, recurriendo al apellido de un chico de su barrio.

En los meses y años que siguieron, la semilla se convirtió en el guion del piloto para una serie de televisión. Muchas productoras lo leyeron y lo rechazaron. Por fin un ejecutivo de HBO, llamado Chris Albrecht, dio luz verde a la filmación tras conversar largo con Chase. Ahí nació, como fruto de sucesivas paradojas, Los Soprano, una serie de televisión que marca un antes y un después en este medio de comunicación hoy casi irreconocible.

 

Prehistoria

Antes de hacer Los Soprano, David Chase era otro de los tantos damnificados de Hollywood. Como decíamos atrás, la ilusión de toda su vida había sido rodar un largometraje, pero siempre le negaron la oportunidad. Aquí surge una primera paradoja. Es muy posible que si nadie descubrió a Chase antes quizá fue por que su talento no se adaptaba a un medio explosivo como el del cine, en el que hay que abrir y cerrar la caja de los truenos en dos horas o un poco más. Chase sabía de sobra...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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