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El Malpensante

Reportaje

Chiribiquete

en la paz como en la guerra

Para los indígenas amazónicos, Chiribiquete es el lugar más sagrado de su territorio. Para los investigadores, es un tesoro cultural y ambiental que debe ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Ahora que la guerra, su guardián de facto, ha terminado, se hace inminente una discusión sobre su destino. ¿Qué le espera a este lugar y a sus habitantes ancestrales después de la firma de los acuerdos de paz?

Parque Nacional Chiribiquete con sus tepuyes, una clase de mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas características del escudo guayanés. Fotografía: Jota Arango

 

Esta es la Serranía de Chiribiquete, el más grande y el más imponente de los 59 parques naturales que tiene Colombia. Antes de que saliera la película "Magia Salvaje", su existencia era considerada uno de los secretos mejor guardados de este país. Pero ya no.

Del tamaño de Haití, Chiribiquete se caracteriza por tener 38 mesetas en roca, o “tepuyes”, que emergen verticales entre planicies y selvas húmedas hasta alcanzar una altura de 900 metros, el triple de la Torre Eiffel en París. ¿Qué tienen de especial? En las paredes de estas gigantes mesetas se han encontrado 70 mil pinturas indígenas, muchas de ellas dibujadas en sitios y alturas inalcanzables, aún con medios modernos. Ni científicos ni otros expertos entienden cómo sus autores llegaron hasta esos rincones inaccesibles para pintarlas. Están intactas. Según las pruebas de Carbono 14, que permiten conocer la antigüedad de los materiales orgánicos, tienen más de 20 mil años. “Son fechas tan antiguas que contradicen las que establece la historia tradicional de la llegada del hombre en América”, explica Gonzalo Andrade, un reconocido biólogo y profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia. “Estas pinturas podrían ser la Piedra de Rosetta –como se conoce el fragmento escrito en varias lenguas antiguas que permitió traducir los valiosísimos jeroglíficos egipcios- de nuestra antropología”, agrega por su parte Carlos Castaño Uribe, el antropólogo que desde hace 30 años estudia el arte rupestre de este lugar.

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María José Castaño Dávila

Abogada. Consultora en comunicaciones y Digital Content. Estudiante de Maestría en periodismo.

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