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El Malpensante

Entrevistas

Glauber Rocha: la monstruosidad del cinema nôvo

Una conversación entre Pedro Adrián Zuluaga y Diana Bustamante

El Festival Internacional de Cine de Cartagena hará una retrospectiva de la obra del cineasta brasileño. ¿En qué consiste su legado caníbal y qué vasos comunicantes lo unen con el cine actual más innovador de su país?

Imagen de Pathosformel

Diana: Con Pedro comenzamos a hablar de Glauber un día de decepción. El cine que habíamos estado viendo tenía cierta aridez, una falta de empatía y una aproximación tan conservadora... puro lugar común y juego seguro. Fue como un grito desesperado: “¡Volvamos a ver a Glauber Rocha!”, una necesidad de refrescarnos que nos cayó como un bálsamo. Entonces, notamos lo vanguardista, potente y transgresor que fue este cineasta brasileño hace casi sesenta años, cuando exhibió su primer largometraje, Barravento, en 1961. Su potencia y libertad en el gesto, y esa forma de construir discurso, nos parecieron muy necesarias, más ahora que vemos dos polos marcados: ser de derecha o de izquierda –o jugar en la línea de lo establecido y de lo cómodo–. Así que decidimos revisar lo que se sale de esas márgenes.

Pedro: Hay que reconocer que el cine es una tecnología originaria del norte, europea y anglosajona. Lo que nos interesaba de Rocha era que él, sin desconocerlo, planteaba alternativas para descolonizar esa tecnología, para hacer un cine desde lo latinoamericano en el cual nos pudiéramos expresar –no de una forma esencialista, porque nunca tuvo un discurso de lo “auténtico”, sino para pensar una identidad local, compleja, llena de capas–. Respondía, así, a una tradición muy brasileña, que se remontaba a los años veinte con el modernismo, a la idea de antropofagia que se había planteado en la literatura y las artes; una alternativa a la cuestión de lo latinoamericano que no pasaba por restar sino por sumar: somos brasileños, latinoamericanos, europeos, indígenas y africanos, eso dio como resultado una cinematografía y un pensamiento. La obra de Rocha no se puede reducir a sus películas: era un teórico que pensaba en unas condiciones concretas de producción y en cómo cambiarlas; no estaba produciendo teoría en el vacío, sino generando desde la teoría y la práctica unas condiciones para remover un estado de cosas.

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