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Pocos personajes latinoamericanos son recordados con risas gracias a su humor, y no por resultar grotescos. Cantinflas es uno de ellos: colmó las pantallas de juegos de improvisación y retruécanos tan difíciles de entender como de olvidar, convirtiéndose en posible precursor del teatro del absurdo en tierras mexicanas.
Ilustración de Juan Gaviria
Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes vino al mundo en el barrio Santa María La Redonda, de Ciudad de México, el sábado 12 de agosto de 1911, siendo el sexto hijo de una familia de doce hermanos. Una familia modesta –“humilde”, la llamaba el propio Cantinflas–, la cual, modesta y todo, viviendo más luego en el barrio de Tepito, quiso costearle la carrera de medicina. Lo sabemos por uno de sus poquísimos testimonios autobiográficos, donde cuenta que muy pronto abandonó la facultad para dedicarse a trabajar como humorista en las carpas y los teatros populares de la capital mexicana. Antes de eso, y según otras fuentes, hubo un intento fallido de entrar a Estados Unidos, se hizo boxeador para ganarse la vida y, a principios de 1928, se alistó en el ejército como soldado de infantería con estudios de mecanógrafo. Pero el 23 de mayo su padre solicitó su baja, demostrando que Mario tenía 16 años y no los 21 que había declarado falsamente a fin de que lo admitieran.
En las carpas, los pequeños y casi improvisados teatros populares de la ciudad –que no era la megalópolis en que se ha convertido–, Mario Moreno comenzó a destacar como humorista, hasta que se produjo su segundo nacimiento, ahora como Cantinflas. Al respecto hay dos etimologías que se disputan el honor de ese apodo. Una de ellas arguye que un espectador le había gritado: “¡Cuánto inflas!”, exasperado por uno de los monólogos que al final llegarían a ser su marca registrada. La otra es una variante, y el espectador le habría gritado: “¡En la cantina inflas!”, insinuando que el humorista estaba pasado de copas. Por su parte, el propio Cantinflas nos dejó narrado cómo fue que nació su personaje:
Una vez sentí repentinamente “pánico escénico”. Momentáneamente Mario Moreno se quedó paralizado. Y, de pronto, Cantinflas se hizo cargo de la situación. Y comenzó a hablar, desesperadamente balbuceó palabras y más palabras. Palabras y frases sin sentido. Tonterías. ¡Cualquier cosa para defenderse de los ataques y salir de aquella bochornosa situación! Los espectadores se quedaron silenciosos, aturdidos, sin poder entender sus palabras. Luego empezaron a re&i...
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Esclarecedor artículo sobre Cantinflas, y que comparto.
Muy bueno el articulo, lástima que no este disponible para todo el publico, seria una buena manera de ilustrar a la ciudadania.
Escritor y radiodifusor. Escribe para el diario El Espectador
Marzo 2018
Edición No.194
Publicado en la edición
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