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Reseñas

Carlos Marx y Federico Engels, dos jóvenes del siglo XIX cuyas propias arrugas apenas empiezan a tener sus caras

A propósito del estreno en Colombia de El joven Marx (2017), la película dirigida por Raoul Peck, les compartimos un breve análisis sobre lo que significa volver a los primeros años de vida y obra de los tan famosos como estigmatizados Marx y Engels.

Los estereotipos en la sociedad moderna han llegado a tal punto que se necesitaron 170 años desde la producción de la obra más leída de los autores que comentamos, el Manifiesto Comunista –por cierto, la última de ese período de su producción intelectual–, para que el gran público empezara a darse cuenta de que dichos personajes fueron jóvenes alguna vez. Ya en la década de 1960, en medio de la rebelión estudiantil, ese asombro dio lugar a toda una literatura sobre “el joven Marx”, desentrañando el sentido de unas obras de crítica cultural, filosófica y política que no leyeron las generaciones que lucharon en su nombre en las revoluciones alemana, rusa y de Europa Central de comienzos del siglo XX. Esto se debe a que dichos manuscritos permanecieron inéditos en los archivos de La Haya hasta 1932, y alguno de ellos, el ahora llamado Cuaderno Spinoza, ¡solo fue publicado en 1976! (Hay traducción al español, editorial Montesinos).

Dicho estereotipo llevó a que todo el mundo hablara bien o mal de unos personajes cuya historia personal e intelectual es aún poco conocida, a lo cual, sin duda, contribuyó la simplificación interesada que hicieron los seguidores de su legado, empezando por los íconos de sus rostros hieráticos y pomposos de abundantes barba y cabellera, y de pesadas levitas, cuyo original, en el caso de Marx, fue subastado junto con una carta suya en China en el año 2014 por medio millón de dólares.

Lo cierto es que ese joven escribió antes de cumplir treinta años más de diez obras (Escorpión y Félix, Comedia, 1837; Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro, tesis doctoral 1841; Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, 1843; Sobre la cuestión judía, 1843; Notas sobre James Mill, 1844, Manuscritos económicos y filosóficos, 1844, Tesis sobre Feuerbach, 1845; La ideología alemana, 1845; La miseria de la filosofía, 1847; y Trabajo asalariado y capital, 1847. Y en colaboración con Federico Engels, otras dos: La sagrada familia, 1845, y El Manifiesto Comunista, 1848). Además de varios artículos de prensa en medios como La Gaceta Renana, Anuarios Franco-alemanes, Vorwarts, New York Tribune, algunos censurados en los países donde se publicaron. Como los mismos títulos lo insinúan, en ese tiempo tanto Marx como Engels se ocuparon de reflexionar críticamente sobre temas como la religión, la familia, la filosofía y el derecho, para desentrañar el tipo de relaciones de trabajo y de producción social que se encubren detrás del reino del dinero y los imaginarios “alienados” que las acompañan.  

En ese mismo lapso de tiempo, aquel joven se enamoró y se casó con Jenny Westphalen. “Creo en el amor, no al proletariado, ni a la ciencia de Moleschott, sino en el amor de la mujer, que hace al hombre un nuevo hombre”, le escribe Marx a Jenny, con quien se conoció de niño y a quien esperó por siete años para casarse, después de haberse comprometido a los 17. Tuvieron sus primeros hijos, pero él fue expulsado de Alemania y de Francia por sus opiniones críticas sobre los regímenes autoritarios del momento. Paralelamente, construyó su amistad con Federico Engels, hijo de un empresario alemán que por su lado también estaba analizando el destino de miseria de los trabajadores de las nacientes urbes victorianas. Y sobre todo, mantuvo un compromiso personal con el develamiento de los poderes dominantes, bajo principios, virtudes y afinidades. Así se describió en una entrevista personal:

Virtud favorita: la sencillez; en el hombre: la fortaleza; en la mujer: la debilidad. Su rasgo principal: la unidad de propósito. Idea de la felicidad: luchar; de la desgracia: la sumisión. El vicio que más excusa: la credulidad; el que más detesta: el servilismo. Aversión: Martín Tupper. Ocupación favorita: ratón de biblioteca. Poetas favoritos: Shakespeare, Esquilo, Goethe; prosista favorito: Diderot. Héroe favorito: Espartaco, Kepler; heroína favorita: Gretchen. Color favorito: rojo. Nombre favorito: Laura, Jenny. Plato favorito: Pescado. Máxima favorita: Nihil humani a me alienum puto (nada de los humanos me es ajeno); Lema favorito: De omnibus dubitandum (dudar de todo). (Marx y su concepto del hombre, Erich Fromm, Fondo de Cultura Económica).

Todo ello empezó a ser distorsionado o encubierto por aquellos poderes cuando los trabajadores mismos empezaron a leer y reproducir sus críticas.

La fresca película El joven Marx, que ahora se presenta en la cartelera bogotana, filmada en el año 2017 y dirigida por Raoul Peck, nos asoma a ese mundo europeo de la primera mitad del siglo XIX y a las historias personales de aquellos jóvenes cuyas vidas quedaron detrás de lo que, a fuerza de estigmatizaciones, incomprensiones o simplificaciones, se convirtió en unos rostros sin señas particulares. Se trata de la pequeña historia de la construcción de la amistad de ambos personajes y de sus compañeras en los albores de su juventud, de cuando se encontraron: el uno como pensador y periodista, el otro como investigador social, Jenny como lectora y como gestora de muchos de los empeños colectivos que los unieron ya Mary, la compañera de Engels, como líder de los primeros sindicatos. Todos indignados pero también convocados por su vocación de comprender la sociedad que nacía en medio de la penosa “situación de la clase obrera” –como tituló Engels su pionera investigación sociológica– al mismo tiempo que otros levantaban otras formas de la crítica como las novelas de Dickens, Balzac o Eugenio Sue, o las proposiciones utópicas de Proudhon, entre tantos otros.  

Así, esta película, que parte del episodio violento de la leña y del debate público que generó, y cierra con la redacción del Manifiesto, nos permite asomarnos al lado humano de aquellas  máscaras. También, nos permite decir que se ha dado otro paso para dejar atrás el trágico destino cifrado poéticamente por Octavio Paz, a quien parafraseamos: “Les inventaron unas caras, / detrás de ellas vivieron, murieron y resucitaron muchas veces. / Sus caras hoy tienen las arrugas de esas caras, / sus arrugas (apenas empiezan a tener sus propias) caras”.

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Hernán Darío Correa

Sociólogo hernandcorreac@gmail.com

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