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El Malpensante

Breviario

Las mutaciones del bastón

Vicios elogiados.

Ilustración de Rafael Yockteng

 

Para caminar sobre pisos planos: coloque el bastón aproximadamente a cuatro pulgadas (diez centímetros) del lado de su pierna más fuerte. Coloque el peso corporal sobre su lado más fuerte. Mueva el bastón aproximadamente cuatro pulgadas (diez centímetros) al frente de su pierna más fuerte y traiga su pierna débil hacia el frente, a la vez.

 

“Instrucciones para usar un bastón”

MedlinePlus, enciclopedia médica

 

El arte de andar con bastón tiende a desaparecer. Y con él una parte de la civilización. E incluso de la naturaleza: y es que, recordando a Luis Tejada, el bastón es al hombre lo que la cola al perro. El bastón le da armonía, elegancia y gracia al caminante ocasional. ¿Ha intentado, lector, caminar con un paraguas largo? Puede ser molesto y engorroso. ¿Acaso es este el último remanente de lo que alguna vez fue un hábito de imponente gala estética, de módica cuota real para plebeyos? ¿Acaso es el único gesto que tenemos para recordar el bastón, obviando el de carácter médico (meticulosamente descrito en el epígrafe)?

Acompasar nuestro caminar entre tres soportes, en lugar de dos, le da a nuestro recorrido cierta volatilidad y despreocupación, cosa que solo entienden los animales más ociosos, como esos perros que andan por ahí batiendo su cola rumbo a ningún lugar. Pero ya nadie camina por las calles como el flâneur que Baudelaire pescó obnubilado en las callejuelas parisinas y que luego Walter Benjamin diseccionó en su Libro de los pasajes. Con el bastón, el hombre adquiere un hálito de brujo, de vate, de hechicero milenario que carga con un cable suelto del universo entre las manos. Al hombre común el bastón le da un polo a tierra y al invidente, más que un rastreador de suelos, le concede un detector de luz. Ahora, si usted considera que el bastón no es una extensión del hombre lo invito a recordar una escena cualquiera de alguna película de Chaplin. O el carácter pícaro y perverso del Maestro Roshi, quien delegaba en su vara, no menos perversa, la fuerza y la virilidad de la que carec&iacu...

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Lina Alonso

Hace parte del equipo editorial de El Malpensante. Ha colaborado con Vice, Razón Pública y El Espectador. En Twitter e Instagram @linalonsoc

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