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Julio Ramón Ribeyro fuera de lugar

Como ocurrió con sus cuentos, en su etapa futbolera dejó varios partidos inconclusos y otros tantos empatados. Un retrato antideportivo del célebre escritor y fumador peruano.

Foto Carlos Alegre

Dicen que el único gol que metió fue un día que se levantó en la mañana con el pie derecho; dicen que fue en 1948. Dicen que era un buen defensa, dicen que atajaba patadas de la misma forma en la que esquivaba burletero a los volantes en sus años de mediocampista siendo aún estudiante del Colegio Champagnat, allá en su Perú empotrado en los Andes. Dicen que su condición de fumador profesional no lo dejaba avanzar trechos muy largos en la cancha, pero él tenía plena conciencia de su pésimo físico, y dicen que cerraba sus partidos bajo la humareda del largo pitazo de un Camel, al mejor estilo de otro “Flaco” recordado en la historia del fútbol: Johan Cruyff, el mismo que parece sacado de una historia de Solo para fumadores. El mismo mediocampista neerlandés que afirmó: “En mi vida he tenido dos grandes vicios: fumar y jugar al fútbol. El fútbol me lo dio todo. En cambio, fumar casi me lo quita”. Aunque Cruyff finalmente emprendería campañas antitabaco, Ribeyro dedicó todo un libro a homenajear el euclidiano vicio del cigarrillo. Dicen que Cruyff lo leyó.

En fin, se dicen tantas cosas sobre Ribeyro y su pasión por el fútbol que se podría recrear un partido donde él fuera el único defensa, el único árbitro, el arquero del equipo, su titular y su suplente, su penúltimo locutor y su numerosa hinchada. Con Julio Ramón Ribeyro pasa lo que un poeta ciego decía de Homero: “En su nombre retumba la marcha de una tropa que sigue estando en guerra”.

Más allá de las habladurías, lo que sí tenemos seguro es la existencia de esta imagen encontrada en un mercado del Callao por el periodista limeño Johnny Valle –Julio Ramón Ribeyro jugando mientras sostiene un cigarrillo, ¿o fumando mientras sostiene un balón?–. Fue rescatada de un lote de fotografías que se feriaban a un peso, parte del archivo de un periódico local obligado a apagar sus rotativas. También tenemos la certeza de la tempranísima afición de Ribeyro por el Universitario de Deportes de Lima, del que se declaró “hincha furioso” en el magistral cuento “Atiguibas”, publicado en la cuarta parte de La palabra del m...

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Lina Alonso

Hace parte del equipo editorial de El Malpensante. Ha colaborado con Vice, Razón Pública y El Espectador.

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