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El primer partido de fútbol en Colombia

A finales del siglo XIX, el patio de un viejo convento colonial fue el escenario de ese picado inaugural, a diferencia de lo que afirman la mayoría de relatos sobre la historia del deporte en el país.

Ilustración de Juana María Bravo

Durante años, tres ciudades se han disputado haber acogido el primer partido de fútbol en el país: Barranquilla, Santa Marta y Pasto se encuentran referenciadas aquí y allá como las primeras adonde se trajeron balones, reglamentos y personal extranjero que jugara de acuerdo con las reglas de la Football Association. Se dice que hacia 1909 el comerciante inglés Leslie Spain les enseñó a los pastusos a jugar fútbol, probablemente sin saber que sus compatriotas británicos, que llegaron como marineros al puerto de Santa Marta, ya por 1903 o 1904 habían organizado partidos con los obreros de la United Fruit Company en los alrededores del Magdalena. Y de seguro ni unos ni otros sospechaban que también desde 1904 el barranquillero Arturo de Castro promovía los primeros encuentros futbolísticos en potreros de su ciudad.

A pesar de las diferencias cronológicas, no es descabellado reconocerles la paternidad del fútbol nacional a las tres ciudades... y agregar una cuarta. Esta controversia no es sino un reflejo del país que al iniciar el siglo XX recibía al balompié: un territorio fragmentado e incomunicado, donde la importación o la creación de una nueva práctica cultural o productiva escasamente tenía impacto más allá de la esfera regional en que aparecía. En medio de tanto aislamiento, en los primeros años del siglo pasado cada jugador de fútbol partía de cero en su comunidad, sin copiar nada de lo que pudiera estarse haciendo en otras partes. De igual forma, es probable que ninguno de estos ancestros del fútbol colombiano supiera que varios años antes, en 1892, ese deporte ya se había jugado en el país. Aquel primer partido se jugó en la cancha más inusual, con los deportistas más improbables, un pionero insospechado y ante el espectador menos futbolero posible.

Ocurrió en el patio de un viejo convento colonial, el equipo estaba compuesto por los nuevos cadetes de un país sin ejército, su mentor era un erudito militar estadounidense y su primer espectador fue un vicepresidente más interesado en la poesía de Virgilio, rezar el rosario y censurar periódicos que en el deporte.

LA CANCHA Y EL PROFE

Po...

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Felipe Arias Escobar

Historiador. Ha sido docente universitario, autor de textos escolares y periodista musical.

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