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Crónica

Vasco Pimentel, el oidor

Baje el volumen del todo para leer este perfil de un sonidista que ha llevado su oficio en el cine a un refinamiento inaudito, y su neurosis por el ruido a niveles monacales.

Ilustración de Nicolau

Desde que viven juntos, Vasco Pimentel le ha pedido a su mujer que no le hable cuando se acaba de despertar. Cada mañana, este director de sonido que inspiró Lisbon Story, una película del cineasta Wim Wenders, necesita una hora y media sin oír nada. Cuando su mujer lo olvida y empieza a hablarle, él levanta la mano como un policía que detiene el tránsito y hace una señal de alto. Stop. Silencio. Es pronto para escuchar. La esposa del sonidista, una arquitecta que dejó su vida en Perú para irse a vivir con él a Lisboa, se ha acostumbrado a verlo levantarse, preparar su desayuno y leer su correo sin decir una palabra. Pimentel ha dejado de frecuentar amigos porque hablaban casi a gritos. Ha dejado de ir a cafés porque lo aturde el bullicio. Se ha encargado del sonido de más de cien películas, pero no asiste a festivales de cine:

–En las alfombras rojas –dice– hay demasiado ruido.

Tampoco tolera el murmullo de un programa de televisión en su idioma:

–Es una inflación de palabras de valor semántico nulo y entonación histérica y mentirosa.

Pero le gusta como suenan los programas de televisión en China o en la India: al no hablar esos idiomas, las palabras le llegan solo como sonidos, sin que entienda su significado. Vasco Pimentel detesta el sonido de automóviles ruidosos en marcha; pero, a diferencia de la mayoría, arruga la cara de tal modo que parece sufrir la peor jaqueca cuando los oye:

–No sé qué hacer en mi cabeza con el ruido de un carro –dice.

Sin embargo, le gustan las notas musicales “largas, infinitas, lacerantes” que produce una corriente de vehículos al atravesar el puente metálico de Lisboa, la ciudad donde nació. Cada vez que entra a un lugar y el ruido en el ambiente es muy alto, Pimentel levanta las manos, se tapa los oídos con las palmas abiertas y aprieta las mandíbulas como un niño aturdido por los gritos de sus padres. A veces, cuando sube a un auto ajeno y la radio se enciende sola, se desespera y empieza a darle manotazos a los botones del estéreo hasta que consigue apagarlo.

–El mundo está mal mezclado –dice.

Vasco Pimentel tiene 56 años, una mata de cabello plateado...

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Sabrina Duque

(Guayaquil, 1979). Periodista y traductora. En 2015 fue finalista del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo de la fnpi y en 2108 ganó la Beca Michael Jacobs de crónica viajera que otorga esa misma organización. Sus textos han aparecido en Gatopardo, Etiqueta Negra y Mundo Diners, entre otros medios.

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