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El Malpensante

Crónica

La mujer del comandante

Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer: la renaciente dictadura nicaragüense es el reverso nefasto de esta frase de cajón. Perfil de Rosario Murillo, una lady Macbeth centroamericana.

Rosario Murillo y Daniel Ortega reciben al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en el aeropuerto de Managua (2014).

 

ARGELIA, 1980

Visita oficial del presidente de Nicaragua, comandante Daniel Ortega. Lo acompañan funcionarios del gobierno, asesores presidenciales, periodistas del diario oficialista Barricada y un personaje incómodo para el protocolo oficial: una mujer delgada, con una cabellera negra y ondulada que le cae sobre los hombros, labios finos, boca ancha, cejas en extremo depiladas y pestañas largas. Camina unos pasos atrás del Comandante, el hombre de verde olivo que dirige la Revolución sandinista. Ella, Rosario Murillo, nunca va a su lado. Tampoco le habla directamente en público, aunque en la lista de protocolo figure como su asistente personal. Se somete dócil a la rigidez del protocolo hasta que llega el momento de acomodar a la comitiva. Los funcionarios argelinos disponen las habitaciones y ordenan a los botones trasladar los equipajes. Ella pide que sus maletas vayan a la suite del Comandante. Los funcionarios argelinos se resisten de forma educada, intentan explicarle a madame que no pueden dejar su equipaje en esa habitación. Ella insiste. Se altera. Exige que le obedezcan. Al final, le espeta a uno de los encargados del protocolo argelino: “Je suis la femme du Commandant!”.

Una de las personas que estuvo en aquella comitiva recuerda esta escena. Asegura que en ese entonces Rosario Murillo siempre generaba problemas de protocolo durante los viajes oficiales, pues no figuraba como lo haría una primera dama en toda regla. Más allá de eso, le temía al Comandante, un hombre que debía mostrarse duro, pues era el militar a cargo del gobierno y la defensa de un país atacado por los Estados Unidos, que viajaba por el mundo para pedir respaldo internacional a la Revolución sandinista. Pero la verdad es que ella era su mujer.

Murillo conoció a Ortega a inicios de la década de 1970; fue a visitarlo a la cárcel y quedó prendada de aquel hombre marcado por el encierro, que duraría siete años, entre 1967 y 1974. Cuentan viejas amistades que desde que lo vio la mujer decidió que se convertiría en alguien imprescindible para él. Hicieron una especie de pacto: cuando Ortega quedara libre se reencontrarían y estarí...

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Carlos Salinas Maldonado

Periodista. Editor del diario Confidencial y colaborador de El País. En 2008 fue nominado al Premio Nuevo Periodismo Cemex-FNPI, que otorgaba la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

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