Perfil
Hace pocos días terminó sin mayores sobresaltos el Campeonato Mundial de Ajedrez. Ante la calculada monotonía de los contrincantes, qué falta hacen tipos como el gran maestro ruso Mijaíl Tal.
Ilustración de Hermenegildo Sábat
Mijaíl Nekhemevich Tal es uno de los más grandes genios de la historia del ajedrez. Nació en Riga (Letonia) en 1936 y murió en Moscú en 1992. Es quizá el jugador más amado por la afición ajedrecística, debido a su ilimitada imaginación, temeridad y buen humor. Una forma de entender lo que Tal representa para la historia del juego es contrastar su enfoque con la mentalidad dominante durante la época en la que llegó a las más grandes alturas. La formulación más concisa de esa visión oficial a la cual se opuso Tal es de Tigran Petrosian (el noveno campeón mundial): “Trato de evitar el azar. Aquellos que quieren confiarse al azar deberían jugar cartas o ruleta, no ajedrez”. Tal, precisamente, introdujo un enorme grado de incertidumbre en el ajedrez de alto nivel. Lo que parecía increíble para la época es que, con esa manera de jugar, asumiendo los mayores riesgos, incluso cometiendo errores aparentemente evidentes, se pudiera abatir a toda una élite de jugadores formados en una visión sólida basada en principios generales bien establecidos. Antes de Tal, otros jugadores habían descollado con un juego incierto, pero ninguno había alcanzado las cumbres hasta las que él llegó.
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Es profesor de filosofía en la Universidad de Caldas. Ha publicado los libros 'De la belleza y otros caprichos de conservador' (Universidad de Caldas, 2006) y 'Grandes borrachos colombianos. Vol .1' (Editorial Libros Malpensante, 2016)
Noviembre de 2008
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