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Con este texto podra saber más sobre Edgar Degas y animarse a ver el documental que presenta Cine Colombia
“Edgar Degas nació en París el 19 de junio de 1834 –escribe Pierre Francastel, historiador de la pintura francesa–. Fue el primogénito de un banquero, August de Gas, perteneciente a la aristocracia y a las altas finanzas italianas, y de una francesa nacida en Nueva Orléans. Degas, espíritu altanero, acerbo, que desdeña la gloria, murió desplazado en un mundo nuevo surgido con la guerra de 1914, el 26 de septiembre de 1917, casi en soledad”. En verdad, el oficio de banquero de su padre era el oficio secundario, mientras que el arte era lo primordial. Degas, que eliminaría lo aristocrático en su apellido, heredó las deudas de su padre, y también su amor por la música. Por otro lado, habría que agregar que a los trece años quedó huérfano de madre.
En su primera pintura podemos encontrar “la alusión a la brutalidad infligida a las mujeres en Nueva Orleans por las tropas dela Unióndurante la guerra civil”, “el trasfondo de violencia y dominación en un asunto amoroso”, la escena de una marchita bebedora de absenta, agudos análisis psicológicos y retratos de criaturas sumergidas en su propia humanidad; modistas, lavanderas, planchadoras, las jovencitas del ballet –en quienes la escritora María Luisa Bombal creía ver en sus huesudas espaldas los muñones de alas–. Degas nunca pretendió idealizar nada ni halagar, pero quería comunicar plenitud, así la vida fuera otra cosa. Un mundo al que amaba, casi tanto como a la pintura. Todo lo fija con una “línea viva, humana, interior.” “Fuimos creados para mirarnos los unos a los otros, ¿o no?”, preguntó él en algún momento.
“Los auténticos innovadores como Degas no destruyen el pasado, sino que lo enriquecen”, dice con admiración Robert Hughes –que como crítico tiene más espinas que un bocachico–. Pocas veces entendemos hoy esta relación con la “tradicion”. El mismo Hughes cita a Degas en la revista Time de 1988 a propósito de su gigantesca exposición de trescientas obras en el Metropolitan Museum of Art de New York: “Hay unos triunfos que no se pueden distinguir del pánico”. Han pasado ya dos generaciones, y las palabras de Degas se han vuelto certeras y temibles. Le fastidiaba el estrellato, la vulgaridad y falsedad del éxito, hoy moneda corriente. “Hace falta ser sabio para no referirse a uno mismo”, dice ...
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