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El Malpensante

Ficción

Los calzones rosa de Gretchen

Un cuentazo

Ilustraciones de Santiago Guevara

Gretchen giraba como los trompos bajo la lluvia tibia de verano, y yo la observaba sin perder de vista sus movimientos porque temía que se elevara hasta las nubes y nunca más la volviera a encontrar.

–Tú no sabes girar tan bien como yo –me decía Gretchen con la falda hasta la barriga.

–Lo que pasa es que las mujeres giran y los hombres rodamos –le respondía yo, y juntos rodábamos cuesta abajo por la colina que daba a la catedral Hofkirche, liderados por sus calzones rosa que presidieron el paso de mi vida por la infancia, la guerra y el infierno.

Cuando se es joven, pocas cosas tienen tanta importancia como para recordarlas por siempre. Besar a mi prima Gretchen debajo de las escaleras en la casa de la abuela es una de ellas, así como los baldados de agua fría que nos echaba mamá cuando nos encontraba practicando el acto de la reproducción.

–¿Quieren que les pase lo mismo que a la tía Klara? –nos preguntaba mamá, preocupada más que nosotros por nuestro futuro.

La tía Klara era popular en la familia por haberse casado con su primo Alois y engendrar a los primos Paula y Adi, la primera retrasada mental y el segundo absolutamente loco. Antes de conocer al primo Adi yo sabía lo que era el miedo, pero después de conocerlo tuve pesadillas durante una semana y empecé a mojar la cama de nuevo. Yo tenía diez años de edad cuando lo vi por primera y última vez; mamá llegó a casa con un hombre pálido de ojos muy azules. Ella quería que lo conociera porque era un hombre muy importante y nosotros éramos sus parientes.

Mamá decía que el primo Adi era además un loco rematado. Pero “siempre es bueno conocer a las personas que pueden llevarte lejos en la vida”, era su opinión; sin embargo, mi hermano Gregor se volvió un poco loco después de conocerlo, al igual que toda Alemania, y empezó a pelear con todo el mundo al son de la voz de Adi por la radio. Papá vivía en esa época y le pareció bien que Gregor siguiera los pasos del primo Adi. Él los siguió tan bien, que se fue al infierno junto con todos nosotros.

Yo no creía que combinar genes con tu...

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Julián Silva Puentes

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