Carbono 14
En la Manizales del siglo XIX, una intelectual debía sobreponerse a las pataletas de sus hijos y a la picardía de sus criadas para abrirse un espacio creativo en medio de las vicisitudes del hogar.
Ilustración de Daniela Hoyos
Dedicados al fino y distinguido caballero Dr. Román de Hoyos.
Voy, me dije hace algunas noches, a escribir un largo artículo sobre mis impresiones. Es tanto lo que me rodea y atormenta, que al fin, a fuerza de tanto sentir, es preciso que escriba.
Era viernes, la noche estaba radiante con la majestad de sus astros, la luna brillaba derramando su blanca luz en las sombras: todo estaba en silencio; mis tres hijos dormían. Meditabunda, de codos sobre una mesa, lanzaba de vez en cuando interrogadoras miradas a todo lo que me rodeaba, pensando solo en el nombre que le daría a mi largo artículo en proyecto. “Las noches, esto es lo que más me impresiona”, me dije, y escribí sobre un pliego de papel en forma de epígrafe: “la noche”.
No te prevengas, mi querido lector: yo no trataba de describir la belleza de la luna flotando sobre diáfanos vapores en la inmensidad de un cielo índigo. La tranquila y majestuosa noche que tenía presente no estaba en armonía con mi pensamiento. Solamente me proponía descubrir lo que sucede en casa al toque de oración. ¡Qué bullicio! ¡Qué tempestad de gritos! ¡Santo Dios! La hora de oración, ¡ah! En casa es terrible –tres niños gritando: el uno porque no lo acuestan, el otro porque no le han dado su leche y aquella, en fin, porque se le antoja llorar–. Tres niños casi de una misma edad son para enloquecer a cualquiera que tenga la cabeza mejor entornillada que la que esto escribe.
Figúrate ahora, mi bondadoso lector, si después de una barahúnda de gritos, en que la pobre madre da gracias a Dios porque la casa está en paz, le vendrían a la cabeza ideas poéticas para cantar la pompa de las bellezas del cielo y las confidencias misteriosas de las flores que persigue de paso algún rayo fugitivo de la luna. ¡Imposible! ¡Imposible! En la cabeza aturdida solo se siente luchar el pensamiento, sin poderse equilibrar.
La literatura, ese sueño de la mujer espiritual y sensible, no puede realizarse cuando ella ha contraído deberes tan sagrados como los del hogar. El inteligente y espiritual Dr. Vergara V. ha dicho muy bien al decir que si el hombre de negocios que cultiva s...
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Llegó a ser directora de la Escuela Normal del Magdalena. En 1872 fue condecorada en el Concurso Internacional de Santiago de Chile por su poema "A la América del Sur". En su ciudad natal se celebra un premio de poesía que lleva su nombre.
Junio 2019
Edición No.208
Publicado en la edición
No. 204En la vida como en el fútbol, las peores patadas son las que se devuelven. [...]