Google+
El Malpensante

Ficción

Con cariño, Carmen

.

Ilustraciones de Miranda Bruce.

Conocí a Carmen en la misma época en que Alanis Morissette se hizo famosa. Relaciono ambos hechos porque Carmen, con su melena larga y negra que le llegaba hasta el culo, parecía la versión dominicana de Alanis. En esa época, yo estaba en cuarto de bachillerato. De vez en cuando mi amigo Pablo me llevaba a casa en el Volvo que había heredado de un tío. Al carro lo habíamos apodado “el auto fantástico” debido a un ruido constante relacionado con la punta del eje, lo que nos llevaba a bromear con que el Volvo intentaba comunicarse con Pablo de la misma manera que el carro de la serie con su dueño.

Una tarde que esperábamos frente al semáforo de la Correa y Cidrón con Lincoln, Carmen, pensando que el Volvo era un carro público, abrió la puerta trasera y se montó. Le tomó unos minutos darse cuenta de su error. Sin embargo, la situación nos hizo tanta gracia que los tres nos reímos como locos y llevamos a Carmen hasta su casa.

Al igual que yo, Carmen vivía en Los Kilómetros. Supuse que en adelante la vería paseando por los alrededores, caminando en el mirador o comprando en las pulgas. Pero transcurrieron los meses, y pese a que recorría los barrios a pie, no me topaba con ella. Empecé a averiguar y a preguntar aquí y allá, hasta que alguien me dijo que era metálica y que le podía preguntar por ella a Blas y a los otros metálicos del barrio.

Yo odiaba a los metálicos. Bueno, no a todos. Odiaba específicamente a Blas, que era vecino mío. La discordia empezó cuando mi mamá subió a la azotea a tender una camiseta de Nirvana y cuando fue a buscarla, no estaba. Sufrí mucho la pérdida de esa camiseta. Cuando me enteré de que no la tenía, fui directo al apartamento de Blas y lo acusé de ladrón, pero este negó con la cabeza, fingiendo que ni siquiera le gustaba Nirvana e insistiendo que lo suyo era el metal.

Que Carmen fuese metálica y conociera a gente como Blas me predispuso un poco. Y como siempre pasa, cuando uno desiste de buscar, las cosas aparecen. A los pocos días de enterarme de su interés por el heavy metal, me topé con Carmen en una panadería que se había vuelto famosa por sus panecillos de nata. Mi familia era la ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Frank Báez

Es editor de la revista Global y de la revista de poesía Ping Pong. Su última colección de poemas, "Este es el futuro que estabas esperando", fue publicada en 2017 por la editorial Seix Barral.

Agosto 2019
Edición No.210

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Collage al borde del abismo


Por Camila Builes


Publicado en la edición

No. 209



El trabajo de Ruven Afanador se ha caracterizado por la ambigüedad de sus retratos. En cambio, esta nueva serie suscita preguntas: ¿habrá otra forma de presentar a Colombia en el ex [...]

Gobernar la Real Hacienda (o cómo hacer malabares con los dineros del Rey)


Por


Publicado en la edición

No. 211



Conferencia en Casa LET (Calle 67 #7-38) en el marco de Historias en Público. [...]

Huesos y pelo


Por Pilar Quintana


Publicado en la edición

No. 194



Un cuento  [...]

El vallenato se tomará el mundo


Por Consuelo Araújo Noguera


Publicado en la edición

No. 205



La reputada crítica Marta Traba lanzó dardos contra el género que la Cacica amaba, y esta se le midió a la pulla con una mordaz y cómica respuesta. [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores