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El Malpensante

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Defoe y Stevenson, más ron y menos whisky

Al parecer, Robinson Crusoe y La isla del tesoro fueron inspiradas por sucesos ocurridos en el archipiélago. Aquí las pruebas.

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Se dice que cuando un pirata enterraba un tesoro, por lo general procuraba cavar el hueco por cuenta propia, en la más absoluta confidencialidad. De esa manera aseguraba la supervivencia del secreto y que nadie distinto al “dueño” gozara de las mieles del oro, pues era preferible que el botín quedara a la deriva que en manos de otro ladrón. Pues bien, la costumbre pirata de echarles tierra a las joyas ha llegado hasta nuestros días: los escritores, ese otro tipo de embusteros, rara vez hablan de sus hallazgos hasta que los firman en un libro. Mientras tanto, mantienen su descubrimiento enterrado en las páginas de una libreta, que a su vez permanece escondida en un baúl. Sin embargo, hay escritores de peor calaña. Estos son los que, al igual que los corsarios que abandonaban sus tesoros, prefieren morir ocultando el secreto de la fuente de su inspiración, no sea que otro saqueador beba de esas aguas o, peor aún, a alguien le dé por dudar de su originalidad. Tal parece ser el caso de Daniel Defoe y –en menor medida– de Robert Luis Stevenson, dos autores que, como pretendemos demostrar, hicieron uso de historias ajenas enterradas en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. No en Escocia, como se ha querido afirmar durante siglos.

Empecemos por Robinson Crusoe, que narra la vida y aventuras del náufrago más famoso de la ficción. Por 28 años sobrevivió en una isla desierta del Caribe criando cabras, cultivando arroz, leyendo la Biblia y asesinando caníbales locales, acompañado la mayor parte de ese tiempo por el indígena Viernes. En su primera edición, de 1719, el libro aparentaba ser un relato autobiográfico escrito por el mismo Crusoe, pero pronto se descubrió que se trataba de un personaje inventado por el escritor inglés Daniel Defoe. Desde entonces comenzaron a surgir teorías sobre la fuente que inspiró el protagonista de un relato tan realista, creado por alguien que jamás había pisado tierras del Caribe ni había experimentado una tragedia similar a la que contaba con tanto detalle. Defoe se había basado, por supuesto, en los numerosos testimonios reales de marineros varados en islas, que por aquella época –en la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII – ya constituían un género literario en sí mismo. 

Uno de esos relatos es el de Alexander Selkirk, un marinero escocés que permaneció atrapado en una isla desierta del Pacífico Sur entre 1704 y 1709, después...

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