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El Malpensante

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Volver a Carpentier

Montoya tiene una deuda con Carpentier, una que busca saldar pese a la irreconciliable distancia política y estética entre alumno y maestro. Durante su último viaje a la isla, cierra este ciclo sentimental rastreando a uno de los personajes más musicales del escritor, un compositor de piezas tan barrocas como las del propio Carpentier, en medio de la resquebrajada realidad de la Cuba contemporánea.

 

 

 

Ilustraciones de Gabriela Sánchez

 

Salí de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en Santiago de Cuba. Era mediodía y al firmamento, de un azul impoluto, lo surcaban pequeñas nubes multiformes. Al verlas, recordé un pasaje de La consagración de la primavera en que Enrique, su protagonista, establece un catálogo de nubes. Aquellas descripciones barrocas me hicieron pensar que en nubes como las que vi entonces se basó Alejo Carpentier para describir el cielo de las Antillas. Un cielo que, según él, así como las sierras, las selvas, las ciudades y los mares de América, podía describirse solo a través de un lenguaje profuso, afecto a la aglutinación y a la amalgama y ajeno a los horrores del vacío.

Mi propósito en Santiago no era ir a las playas, ni tomar ron al lado de una mulata, ni bailar los sones de Compay Segundo; tampoco visitar el mausoleo de José Martí. Este tipo de “cubanías” no me interesaban demasiado. Ni mucho menos las otras que recrea Senel Paz en el cuento que originó la película Fresa y chocolate de Tomás Gutiérrez Alea. Es decir, esa cubanía moldeada por la homosexualidad, la picardía habanera y la Revolución castrista. En realidad, distante de esas contingencias del Período Especial, me estimulaba un propósito más íntimo: visitar la tumba de Esteban Salas.

¿Quién es Esteban Salas? Un compositor cubano del siglo XVIII, autor de misas y motetes que demuestran una asimilación atinada del arte de Pergolesi y de Paisiello en el ámbito caribeño. Supe de Salas por La música en Cuba donde hay un capítulo magnífico, en realidad este libro de Carpentier lo es de principio a fin, dedicado a su vida de clérigo sedentario –Salas nació en La Habana y vivió casi toda su vida en Santiago–, y a su obra, que Carpentier desempolvó de los archivos de la catedral de Santiago.

No hice mayores contactos para ubicar la tumba del compositor. Tal vez porque los aprietos en la comunicación que genera Cuba para un extranjero son proverbiales. Los correos que se mandan, o no los responden o las respuestas llegan tarde. El tiempo en es...

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Pablo Montoya

Docente de literatura en la Universidad de Antioquia. Recibió el Premio José Donoso (2016) como reconocimiento al conjunto de su obra. En 2019, su primera novela, "La sed del ojo", fue reeditada por Penguin Random House. 

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