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El Malpensante

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Desmontando el eterno femenino

Escritora extraordinaria y símbolo de empoderamiento, George Eliot logró desarmar los mecanismos de la literatura rosa para burlarse de ellos; de la forma en que la figura de la mujer era reducida a un puñado de banalidades.


 

Ilustración Ximena Escobar 

 

Las novelas tontas de ciertas damas novelistas, ensayo que la editorial Impedimenta ha publicado por primera vez en español, es tan rabiosamente moderno que al leer algunos de sus párrafos cuesta creer que se escribieran antes de inventarse la bombilla. Su autora, George Eliot, es considerada una de las cuatro grandes figuras de la narrativa inglesa, junto con Jane Austen, Henry James y Joseph Conrad. Mujer de ideas claras y temperamento fuerte, lo primero que llama la atención de ella es el seudónimo masculino, que se puso, según explicó, para conseguir que su literatura fuera tomada en serio. En el siglo XIX las mujeres firmaban sus obras sin el menor problema, pero lo que Mary Ann Evans pretendía con su nombre-tapadera era huir del estereotipo de las escritoras de su tiempo, que solo le parecían capaces de producir tontorronas novelas románticas. Con este furibundo opúsculo contra la trivialidad de la literatura femenina, George Eliot se posicionó claramente en contra de la mayoría de las autoras coetáneas. Si en sus tiempos logró ocasionar un revuelo, hoy genera un fervor que va en aumento año tras año. Reeditado constantemente en Inglaterra y en Estados Unidos, tiene tal éxito que las obras criticadas por Eliot, pese a ser novelas rosa muy menores, se estudian hoy en los cursos de escritura, según cuenta con sorna William S. Peterson, crítico literario del New York Times.

George Eliot nació en 1819 en el pequeño pueblo de Chilvers Coton, Warwickshire, cuyos habitantes le sirvieron de inspiración para sus mejores novelas. Hija de un carpintero que ascendió a mayoral de finca, estudió en la escuela local de Nuneaton y después en un internado de Coventry. A los 17 años, tras la muerte de su madre y el matrimonio de su hermana mayor, regresó a casa para cuidar de su padre. Obligada a dejar los estudios, a partir de entonces fue autodidacta, pese la estricta formación religiosa que le había dado su padre y contra la que se rebelaría en 1841, cuando empezó a leer las obras racionalistas que marcarían de por vida su pensamiento.

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Gabriela Bustelo

Ha escrito para Vogue, Gala y Telva. Tiene una columna en el periódico La Gaceta. Tradujo "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas", de George Eliot, para la editorial Impedimenta, libro del cual extraemos este prólogo.

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