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El Malpensante

Artículo

El último masón, boxeo en las catacumbas

O París era una sucesión de fugas

Un joven estudiante de doctorado acepta un trabajo como vigilante de escuela en París y consigue un temible enemigo entre los estudiantes, en medio del terror al fundamentalismo islámico que se esparce por la ciudad. Debajo de ellos, como telón de “fondo” de su relación, discurren las galerías de un inconmensurable cementerio subterráneo.

Ilustraciones de Felipe Camargo

 

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La idea de llevar a cabo una inmersión ilegal en las catacumbas me la dio el propietario de mi habitación, monsieur Mirebeau, un viejo masón ateo –cortés casi hasta lo candoroso– que consagraba los últimos años de su jubilación a visitar en barco los puertos fluviales de Europa y a escribir libros sobre el rol desempeñado por la francmasonería en los grandes virajes de la historia de Francia. Y es que antes de que nuestra amistad se disolviera en los peores términos a causa del incendio, los líos con Airbnb y su aseguradora, la frecuentación semanal que sostuvimos a lo largo de dos años me fue de un inmenso provecho. Aunque también me trajo contratiempos.

Por medio de sus relaciones en el Ministerio de Educación Nacional, encontré un empleo como vigilante en el Lycée Alexandre Dumas, un centro educativo que, a pesar de llevar el nombre del afamado escritor y de situarse en uno de los sectores más aburguesados de la ciudad, resultó ser un falso oasis, una especie de vertedero en miniatura donde se arremolinaban las inquinas de la fractura social de Francia. Ahí iba a toparme con Mamadú, mi némesis africana, uno de los miles de hijos marginales no reconocidos de París, un fornido bully senegalés de 16 años con un perfil en absoluto atípico: la suya había sido una infancia de orfanatos y hondas carencias afectivas que más tarde habían dado lugar a un resentimiento social de armas tomar. De modo sucinto, él era una versión recargada, y más sensible a la yihad, del personaje Hubert en el filme El odio de Mathieu Kassovitz (una inmersión en blanco y negro de veinticuatro horas en la vida de una terna interracial –negro, judío y magrebí– de jóvenes amigos marginales en la que se contrasta sin tapujos el glamur del París intramuros con la exclusión y la violencia que viven los habitantes de sus suburbios menos favorecidos).

Así, en la Francia que se volcaba en las matanzas terroristas de estos últimos años, también a mí me esperaba una cuota de viole...

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Mauricio Polanco Izquierdo

Es licenciado en lenguas extranjeras de la Universidad del Valle y tiene una maestría en literatura comparada de la Sorbona. Publica sus escritos en El Malpensante con cierta periodicidad.

Junio 2020
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3

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4

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5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

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