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El Malpensante

Artículo

Un rayo de sol

El trabajo ahora habita en casa con nosotros, en medio del confinamiento por la pandemia. Nos hace ver nuevas facetas de nuestros seres queridos. Algunas de ellas, agobiantes. Otras, conmovedoras.

Ilustración de Carlín Díaz

 

Los brotes de mal humor de Agustín son comprensibles, pero esa agresividad de bestia recién enjaulada contrasta demasiado con su calma habitual y la dulzura con la que trata los objetos de la casa cuando los cambia de sitio. Pareciera que el diablo se le mete por el teléfono. A toda hora pierde la paciencia, grita en la bocina y avienta lejos su celular para un minuto más tarde –con la quijada apretada y los ojos echando lumbre– llamar de nuevo a su interlocutor, ofrecerle una breve disculpa y reiniciar las negociaciones. Agustín está cerrando su fábrica a distancia. Cerrándola probablemente para siempre. Este proceso doloroso se extiende como una mancha sobre el tiempo del confinamiento que se ha vuelto interminable.

Hace dos meses que no nos cruzamos a toda prisa por la cocina o cerca de la puerta, mascullando injurias porque olvidamos el pan en la tostadora o desaparecieron las llaves del coche. Las mañanas aparentan ser más tranquilas porque no salimos a ninguna parte. Desayunamos cada quien por su lado y a solas, como siempre, aunque tal vez estemos más ensimismados, más amarrados a la roca dura de nuestros pensamientos. Luego abrimos oficina en piyama. Mientras Agustín toma posesión de la mesa del comedor, yo subo al pequeño estudio de la azotea del que me he apropiado y donde acomodé mis libros. Tengo vista al hermoso jardín que hemos cultivado sobre el techo impermeabilizado de rojo de nuestra pequeña casa de un piso. Despachamos la mañana de esta suerte, interrumpidos apenas por el camión del agua o el gas, o bien por la gente que pasa y pide ayuda, o los músicos que se paran a la sombra del gran ficus de la calle y a quienes procuramos siempre dar unas monedas. El resto del tiempo las banquetas están desiertas en una quietud que podría pensarse posnuclear, a no ser por los pájaros que se escuchan más numerosos y más fuerte.

No obstante, pasado el mediodía el sol es tan violento que termina por sacarme de mi espacio de privilegio, como a un gusano que la cocción expulsa de la coliflor donde había elegido habitar. Con mi laptop en brazos, bajo a refugiarme en el comedor don...

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Yael Weiss

Publicó Hematoma (Elefanta, 2019), Cahier de violence (Édition & What, 2009), entre otros. En 2014 creó Archivo Abierto, la aplicación histórica del FCE. Es editora digital de la Revista de la Universidad de México y conductora de un par de programas en TV UNAM.

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