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El Malpensante

Breviario

El abismo Pessoa

El guía del próximo Club de Lectura Malpensante brinda el paracaídas de su experiencia para arrojarnos confortablemente a las profundidades del enigmático poeta portugués.

 

Fernando Pessoa y Costa Brochado director del periódico salazarista A Verdade (1935)

 

Hoy me rindo al ejercicio de regresar a viejos libros subrayados en busca de un otro yo que ya fui y vagamente recuerdo. Vuelvo a abrir O alibi infinito (1987), de Ettore Finazzi-Agrò, uno que acaso hizo que yo acechara a Pessoa durante años, aunque hubiera sido avisado de sus incesantes coartadas: “La aspiración de Pessoa era, en últimas, la de circunscribir la dinámica histórica dentro de los límites de un juego dramático –el juego heteronímico– que debería proyectarse en lo real, pro-ponerse un espacio y un tiempos propios y ajenos a cualquier tipo de condicionamiento. Dimensión ficticia, por lo tanto, en la cual (o de la cual) ser simultáneamente autoractor y lector”. Me acuerdo de Finazzi-Agrò insistiendo en que solo una letra separa los términos “autor” y “actor”, y reiterando que Pessoa –al volverse un lector de sus obras y al ser leído por sus heterónimos (Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos)– introducía al lector real en su juego y lo forzaba a dudar de su realidad. De la realidad. “Desde niño”, afirmó Pessoa, “tuve la tendencia a crear en torno de mí un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, entiéndase bien, si realmente no existieron, o si soy yo el que no existo. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos)”.

Cuando empecé a perderme en el escritor portugués, leí, en suma, sobre la coartada Pessoa de la que hablaba Finazzi-Agrò, pero también sobre la paradoja Pessoa que mencionó Arnaldo Saraiva (“O paradoxo Pessoa”, en las Actas do I Congresso Internacional de Estudos Pessoanos, 1979) y sobre el mito Pessoa, en palabras de Eduardo Lourenço. Sabía que me enfrentaba a todo tipo de fintas, a un juego infinito de negaciones y afirmaciones, a un creador de mitos que se estaba volviendo un mito él mismo. Y, para rematar, a un archivo enorme y plural. A un baúl lleno de gente, para citar a Antonio Tabucchi. ¿Por qué no me detuve a tiempo, antes de caer en el abismo Pessoa? No lo sé. Debe ser por esa atracción que generan los abismos y que acentúan, en mi caso, los archivos.

 

Manuscrito del poema “Sou um evadido”.

 

Hoy escribo estas líneas antes de comenzar a preparar un club de lectura que le hace un guiño a Octavio Paz –se llama Cuadrivio Pessoa–, porque me parece justo reconocer algunas deudas de lectura y explicar la propuesta. 

En un texto sobre el portugués, George Steiner afirma: “Es raro que un país y un idioma adquieran cuatro grandes poetas en un solo día; fue justamente lo que ocurrió en Lisboa el 8 de marzo de 1914”. Steiner asocia el número cuatro a Pessoa porque evoca un día que el poeta denominó “triunfal”: aquel en el que alegadamente descubrió a Caeiro, a Reis y a Campos, y al hallarlos se halló a sí mismo e incluso encontró a un maestro. Caeiro sería un autor inventado por Pessoa –o surgido en él, si seguimos su relato– al que Pessoa, muy pronto y retrospectivamente, nombró maestro. ¿Es esto posible? ¿Podemos nosotros darle vida a nuestro propio maestro? ¿Podemos hallarnos tras haber salido de nosotros mismos y haber descubierto otras almas? Estas son preguntas capciosas, tricky questions, que imponen muchas precisiones. Lo que me interesa ahora es enfatizar la pluralidad de Pessoa y explicar el número cuatro. ¿Por qué no el tres? Porque el Pessoa de carne y hueso, tras ese día triunfal, habría sido él mismo otra persona, habría (re)nacido a su manera.

Sé que todo esto es complicado y que el mejor guía en estos laberintos no es necesariamente el propio Pessoa, tan inclinado a volver grandiosos unos meses que su imaginación condensó en un día. Un aspecto complejo es que el autor, al ocultarse tras sus heterónimos, al sugerir que nació de Caeiro, preparó el terreno para afirmar su inexistencia y su independencia con relación a sus personajes (como Pirandello, su contemporáneo). ¿Pero entonces cómo hablar de Pessoa? Este es uno de los mayores desafíos críticos, porque incluso el Libro del desasosiego fue delegado a otros autores ficticios: Pessoa se lo heredó primero a Vicente Guedes y después a Bernardo Soares. ¿Por tanto, quién fue Pessoa y qué hizo?, ¿solo un libro, Mensaje (1934), y unos folletos, English Poems (1921), como parecen dar a entender algunos resúmenes biográficos? Sin duda no, pero responder quién fue Pessoa sigue siendo una cuestión abierta. (Paz intentó responderla en su ensayo “El desconocido de sí mismo”.)

El club de lectura comenzará, por consiguiente, en ese punto ciego que es Pessoa, el fingidor sincero, o el “insincero verídico”, como lo llamó Adolfo Casais Monteiro. Y avanzará hacia las otras paradojas: Caeiro, el pastor mental; Reis, el clásico moderno, y Campos, el triunfalista derrotado. ¿Es Pessoa todo lo restante, es decir, lo que no sea Caeiro, Reis y Campos? ¿Es lo que él denominó, con un neologismo, un “autor ortónimo”, para distinguirse de uno heterónimo? Estas son preguntas que dejo en el aire y que seguramente encontrarán discusión en las próximas semanas. Por sorprendente que parezca, hoy es más sencillo hablar de Caeiro, Reis o Campos que de Pessoa. Unos están acotados y más o menos bien definidos; el otro no lo está y lo seguimos descubriendo. Por lo demás, no sobra recordar que Pessoa, tras una fotografía, escribió que su retrato no era más que una efímera representación visible de sí mismo. 

Pessoa o el arte de desvanecerse, de evadirse. Vuelvo a unos versos que leí en O alibi infinito y que traduje hace poco en Pessoa múltiple: “Soy un evadido. / Apenas nací / en mí me encerraron, / pero yo me fui. // La gente se cansa / del mismo lugar, / ¿de estar en mí mismo / no me he de cansar? // Mi alma me busca, / yo me escabullí, / ojalá que nunca señale: / ‘está allí’. // Ser uno es prisión, / ser yo ya no es ser. / Viviré escapando / y así me hago valer”. 

 

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Jerónimo Pizarro

Especializado en literatura portuguesa y en la obra de Fernando Pessoa. Doctor en literaturas hispánicas de la Universidad de Harvard y en lingüística portuguesa de la Universidad de Lisboa. Editor del "Libro del desasosiego" (2010) y autor de "A Biblioteca Particular de Fernando Pessoa" (2013) y "Ler Pessoa" (2018).

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