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El Malpensante

Breviario

Gurreños

Un pueblo feo y orgulloso, que mira con desdén el turismo y sus falsas promesas.

 

Estatua de un gurre en San Vicente Ferrer, Antioquia.

 

En Holanda las cosas están tranquilas y la gente cada vez se siente con más confianza en la calle. Sabemos que hay un virus por ahí y también lo que puede pasar si se vuelven a disparar los contagios, pero ya con la información a la mano cada quien es libre de decidir, porque todos debemos asumir la responsabilidad sobre nuestra vida y la de los demás. Los esfuerzos individuales se limitan a mantener la distancia, al lavado de manos y al trabajo desde casa; aquí el tapabocas no se usa. Ni los más vulnerables parecen estar dispuestos a dejarse encerrar o a cubrirse la sonrisa.

Que cada país respondería con su cultura, les escribí a mi lista de contactos al inicio de todo esto, y aquí se le rinde culto al sol. Leí en el periódico que Baleares ya se está llenando de viajeros alemanes y me desanimé ante la inminencia del regreso del turismo masivo. Ojalá las restricciones en Holanda se extiendan para que los cisnes puedan disfrutar de los canales de Ámsterdam por más tiempo y para que los niños de la única escuela que ha logrado sobrevivir en pleno Barrio Rojo puedan caminar tranquilos. Hace un par de años el alcalde no dejó que trasladaran la escuela; le parecía una derrota terrible permitir que los niños fueran desplazados de su ciudad por el turismo y por los negocios de prostitución y droga. Cuentan que, al pasar por las vitrinas iluminadas por bombillas rojas, algunos niños saludan a las prostitutas, convencidos de que detrás del vidrio hay una piscina y por eso se mantienen tan ligeras de ropa.

Hay quienes ven en el turismo una salvación económica. Yo, en cambio, veo en este la perdición de los pueblos. Es mucha la gente que, hastiada de su propio entorno e incapaz de mejorarlo, viaja para destruir el de los demás. A mí, por ejemplo, me incomoda la actitud de aquellos que cogen de paseadero a mi pueblo, San Vicente Ferrer, Antioquia, y no ayudan a nada. Llegan para desaburrirse con un tinto en la plaza –eso es lo único que gastan– y después salen diciendo que el pueblo es muy feo y que parece un gurre. Me encanta que a alguien se le haya ocurrido la idea de hacerle una estatua al animal en la entrada del pueblo, porque es como si con ello quisie...

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Diana Londoño

Agrónoma de la Universidad Nacional y doctora en agricultura de la Universidad de Wageningen, Holanda. Investigadora en la industria de semillas de zanahoria y directora de la Fundación Casita Rural.

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