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El Malpensante

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Rembrandt, el musical

En 1997, cuando El Malpensante aún estaba en pañales, publicamos Paisaje con figuras, de Antonio Caballero. Aquella primera edición voló de las librerías. ...

INTRO: En 1997, cuando El Malpensante aún estaba en pañales, publicamos Paisaje con figuras, de Antonio Caballero. Aquella primera edición voló de las librerías. Ahora, entrados ya en años, hemos vuelto sobre esas páginas y confirmado que lo bueno dos veces es mejor: este 17 de diciembre presentamos la reedición corregida y aumentada de esa excepcional colección de crónicas y ensayos sobre arte, literatura y música. Entre los textos de la nueva edición figuran varios que fueron publicados en las páginas de El Malpensante, como esta honda mirada del muy cachaco escritor a la obra del genial pintor holandés. 
Más información acerca del lanzamiento del libro en:
 http://serendipity.com.co/index.php?doc=display_noticia&id=360

 

 

 

La grandeza del artista holandés reside en que no es un pintor serio. Dentro de la marejada de homenajes a Rem­brandt prevista por el cuarto centenario de su nacimiento, Amsterdam estrenó el 12 de julio pasado una comedia musical inspirada en la vida del pintor. Habrá canciones, disfraces, pantomimas, números de baile. Ya era hora de que los círculos oficiales se dieran cuenta de que la grandeza de Rembrandt reside en que no es serio. Es un pintor bufo, de farsa cómica, de opereta. Un heredero del Brueghel de las kermesses campesinas y un antecesor de las sátiras burguesas de Grosz. Y es esa comicidad burlesca la que hace de él un artista tan del gusto de hoy. El Rembrandt que hoy gusta —un hoy que dura desde hace un siglo largo— no es el que más gustaba en su época, sino el que menos. O, dicho mejor, el que dejó de gustar: el Rembrandt maduro y desencantado. En su juventud había sido el más exitoso pintor de Amsterdam, que en esa primera mitad del siglo xvii era una ciudad llena de pintores de éxito alimentados por la burguesía industrial y comerciante —navieros, cerveceros, pañeros, funcionarios— en rápido proceso de enriquecimiento exhibicionista. Pero luego su próspera clientela le fue dando la espalda. Contrajo deudas. Terminó en la ruina, subastados su casa, sus colecciones de arte, sus cuadros. Tuvo que vender hasta la tumba de su difunta primera mujer. Y cuando él mismo murió, a los 63 años, no dejó más que su ropa usada y los trastos de su oficio.

Esa decadencia fue la co...

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Antonio Caballero

Es columnista y caricaturista de la revista Semana y autor de la novela 'Sin remedio'.

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