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Reseñas

El incurable

Obra selecta de Cyril Con­nolly

A Cyril Con­nolly, en la comedia que todo autor escribe sobre sí mismo, le tocó vender la máscara de la indolencia, de tal forma que su autorretrato quedara apenas coloreado, como si fuera obra de un pincel vacilante y de una paleta condenada a secarse. Dispuestos a seguir la melodía de esa perturbadora queja elegíaca que es su obra, no todos sus lectores creemos, como él lo pensaba, que su destino haya sido el de la víctima casi feliz que se conforma con un hermoso fracaso.

Connolly (Coventry, 1903-Londres, 1974), qué duda cabe, fue un sibarita y un bibliófilo, un esnob clínicamente enamorado de la Francia provenzal, un asiduo a las bellas mujeres temperamentalmente histéricas, un buen súbdito británico antes que un compañero de viaje, un descendiente de irlandeses a quien no le molestaba reverdecer las ramas más alcurniosas de su genealogía y, quién lo habría pensado, uno de los clásicos modernos que han alcanzado la otra orilla.
 
La posteridad, que Connolly entendió como aquello que al moderno le queda del anhelo clásico de perfección, elevó Enemigos de la promesa (1938 y 1948) y La tumba sin sosiego (1945-1946), una ambigua autobiografía y un engañoso cuaderno de lecturas, a la altura de las obras sapienciales. Ese par de libros esclarecen lo que Connolly llamaba el “movimiento moderno” tanto como las cartas de Flaubert a Louise Colet sobre las intimidades del alma romántica. Pero Flaubert todavía alcanzó a habitar una torre de marfil, mientras que Connolly, al describirse, en todas las circunstancias y bajo todas las atenuantes como un escritor menor, pudo transformar, durante la Segunda Guerra Mundial, su refugio antiaéreo en un refugio de marfil.
 
Educado en Eton y en el Baillol College de Oxford, Connolly se conformó con ser crítico literario, una vez publicada The Rock Pool (1936), su primera (y única) mala novela mala. Esa elección, leída como un sacrificio, sigue provocando, en mi opinión, algunos equívocos. En la afable nota anónima que presenta la Obra selecta en español, dice que Connolly fue “un hombre de letras ajeno a la universidad”, lo cual, se agrega, “es raro” actualmente en España. La mayoría de los escritores latinoamericanos y españoles que conozco pasaron apenas unos meses en la universidad. Y si “hombre de letras” se entiende por “crítico...

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